6 jul. 2017

Los vaticanólogos siempre tienen tema con que frotarse las manos

El arzobispo jesuita mallorquín Luis Ladaria Ferrer acaba de ser nombrado en el Vaticano prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe. Al día siguiente el diario italiano La Reppublica ya le recordaba en portada que se halla envuelto en un caso de encubrimiento de un cura pederasta condenado por la justicia. El diario reproducía el documento que firmó en 2012 Ladaria  instando al superior de la comunidad del cura en cuestión a no divulgar el motivo de su suspensión, “para no escandalizar a los fieles”. Los diarios italianos practican con fervor la información sobre temas del Vaticano porque el género de la vaticanología goza
de un amplio interés entre los lectores, fascinados por la vida secreta de la gran corte.
La condición de vaticanólogo, de analista de temas del Vaticano, es una especialidad de la vida cortesana más que del periodismo de investigación. Consiste esencialmente en hacer pasillos y contactos a la espera de la filtración interesada por parte de algún miembro de la populosa comunidad.
Requiere paciencia y amar la vida cortesana para moverse en ella con naturalidad. Algunos se dedican a ello como modus vivendi, otros se cansan con el paso del tiempo. Se debe tener vocación para seguir el ritmo de la vida curial. 
El ciudadano común conoce el volumen de miles de personas que en Roma gravitan alrededor del Vaticano, desde dentro o desde la miríada de instituciones paralelas. Cualquier orden religioso que se precie tiene en Roma la casa madre, con numerosos residentes que auscultan los designios de la corte y sus movimientos sísmicos internos, en algunos casos desde siglos atrás. 
Los grandes medios de comunicación internacionales mantienen vaticanólogos en plantilla, que siguen las informaciones de periodistas especializados como Giancarlo Zizola, Marco Politi, Gianluigi Nuzzi, Gian Guido Vecchi, Emilo Fittipaldi… 
El más veterano es Rossend Domènech, corresponsal de El Periódico, residente en Roma desde 1968, con cerca de cincuenta años de experiencia profesional. Es autor del libro Marcinkus, las claves secretas de las finanzas del Vaticano (1987). Previamente tuve el placer de escribir conjuntamente con él Roma, passejar i civilitzar-se (1986, reeditado en 2000). 
Probablemente forma parte de los cansados de la vida cortesana. Le interesan también otras cosas y eso le permite la dosis de escepticismo con que es preciso contemplar aquellos movimientos sísmicos internos y sus continuas réplicas. El Vaticano y los vaticanólogos cambian muy poco, a pesar de los aspavientos de cada momento.

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