5 sept. 2017

Grandes casas del mar de Begur cambian de manos, no sé si de alma (y 2)

Miré durante largos años esta casa Cruïlles del Port d'Esclanyà como un símbolo, ya fuese en visión frontal desde el puerto begurense de Fornells o de más cerquita, cuando paseaba a sus pies gracias al fabuloso y humilde camino de ronda que serpentea el litoral a partir la playa vecina de Aiguablava. Poder visitar su interior me costó más. Aun no había entrado cuando le dediqué un capítulo de mi libro de 1994 Grans hores de la Costa Brava con la historia de la finca y de la casa. Finalmente me recibió Santiago de Cruïlles y comprobé que los espacios interiores –1.000 m2 bajo techo-- respondían perfectamente a la imagen externa tan singular. Santiago de Cruïlles de Peratallada y Bosch, barón de Cruïlles y marqués de Castell Torrent, estaba
casado con Rosa M. Ventosa Despujol, hija del político Joan Ventosa Calvell, propietario de la finca de la montaña begurense de Ses Falugues, en una de cuyas parcelas litorales se levantó la singular casa del yerno. Santiago de Cruïlles fue un hombre político influyente de la etapa del alcalde Porcioles y acto seguido en las esferas ministeriales de Madrid.
La casa fue fruto en 1967 de su encargo al prestigioso arquitecto Antoni Bonet Castellana. Se inspiró sin ambages en la famosa capilla de Ronchamp de Le Corbusier, con quien había colaborado en su juventud. El arquitecto suizo estuvo muy vinculado profesionalmente a Barcelona a partir de 1928, pese a que no prosperaron sus proyectos dentro del Plan Macià, impulsado por los jóvenes colegas catalanes del GATPAC. 
La Guerra Civil y la falta de escrúpulos del franquismo –así como durante la democracia siguiente-- giraron la realidad urbanística hacia los resultados conocidos. Hoy el rastro más vistoso de la influencia de Le Corbusier en Catalunya puede que sea esta casa, proyectada por uno de aquellos jóvenes colegas del período republicano. 
La amplia finca begurense de Ses Falugues ha sido parcelada por los descendientes. La casa principal, obra del arquitecto Eusebi Bona, es actualmente propiedad del empresario vasco Francisco Ochoa, que no la usa prácticamente y la pone en alquiler. La casa del Port d’Esclanyà fue vendida en 2014 como residencia veraniega del promotor inmobiliario moscovita Igor Listopad, que tampoco va mucho y la mantiene en buen estado a través de empleados rusos de servicio. 
La seguiré mirando con el mismo crujir de fascinación, ya sea de lejos o desde el propio pie por el camino de ronda, intrépida en la articulación de volúmenes y el manejo del arco cromático, gallarda en la elegancia del trazo, luminosa y solazada, poéticamente contundente, aunque de una energía muda que anhela la aparición de una voz humana, una caricia audaz y estable, una dulzura vivida con exquisitez compartida.
Cuando paso a sus pies suelo repetir en voz alta “Omnia vincit amor”, el verso de la égloga X de las Bucólicas de Virgilio, con la misma fe que en otras latitudes los minaretes proclaman al punto del mediodía que Alá es el más grande.

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