31 oct. 2017

Mi primera sorpresa española vivida en Bruselas

El primer viaje para marchar del país me llevó al domicilio belga de unos amigos con la intención de estudiar temporalmente en la Universidad Libre de Bruselas. Con solo llegar al campus, mi acento fonético hizo que algunos compañeros me comentasen la existencia de un monumento español a la entrada. Incluso creían recordar que el origen de la ULB tuvo alguna motivación más o menos española relacionada con aquella estatua. No podía ser, por la época, la legendaria crueldad de las tropas del duque de Alba, recordada de modo ostensible y muy crítico en una lápida de la Grande Place. Movido por la curiosidad, me
dirigí al monumento. Se trataba de un memorial escultórico dedicado en 1911 a Francisco Ferrer Guardia por los partidarios del librepensamiento que impulsaron la creación de la universidad, cuando en Europa resonaba la campaña contra el fusilamiento en el foso del castillo de Montjuïc del promotor de la Escuela Moderna, masón declarado culpable de instigar a la quema de conventos y otros alborotos de la Semana Trágica.
Francisco Ferrer Guardia había vivido anteriormente exiliado en Bruselas y fundó allí una Liga Internacional para la Educación Racionalista de los Niños. En España se había salvado de una primera condena a muerte en 1906, absuelto por falta de pruebas del delito de inducción al atentado frustrado contra Alfonso XIII y la reina Victoria Eugenia, cometido el día de su boda en Madrid por Mateo Morral, anarquista de Terrassa y profesor de la Escuela Moderna. Por el contrario, no pudo escapar a la pena capital a raíz del segundo juicio sumarísimo tres años después, a pesar de una ausencia de pruebas similar y de las campañas de opinión. 
El monumento fue desmontado durante la ocupación nazi de la Segunda Guerra Mundial. Las conmemoraciones del 150 aniversario de la fundación de la ULB propiciaron que se viera restituido a un lugar digno del perímetro del campus. El librepensamiento, su historia y sus implicaciones eran un signo de identidad de la Universidad Libre de Bruselas, capaz de consolidarse como alternativa frente a la larga historia de la Universidad Católica de Lovaina. 
La ULB nació por iniciativa de liberales y masones contra el dominio de la ideología católica en la formación superior de la juventud del país. La masonería tenía también para mi, a mi llegada a Bruselas, una resonancia casi diabólica. En cambio allí formaba parte de la cotidianidad oficial, como cualquier otra tradición.

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