9 nov. 2017

Los grandes abetos se mueren en silencio, demasiado silencio

No hablo de los abetos de vivero, destinados a ser inmolados masivamente en el infanticidio de cada Navidad. Hablo de los bosques de grandes abetos, los que servían para construir el palo mayor de les naves de vela y las vigas de las casas más sólidas, los que crecen en la umbría húmeda de bosques mediterráneos de Catalunya, España, Italia, Marruecos, Líbano, Turquía, Siria, los Balcanes. Aquí gozamos del bosque de abetos situado más al sur de Europa, en el Montseny. Recientes estudios científicos alertan de que estas nobles coníferas están reduciendo el crecimiento en todas partes por culpa de las variaciones climáticas,
la subida de temperaturas, las sequías. El fenómeno conoce especial incidencia en los bosques mediterráneos, lógicamente más expuestos a la citada tendencia climática que los nórdicos.
Los abetos de aquí alimentaron leyendas y rondallas, son bosques que murmuran historias. También son terreno privilegiado de hongos, líquenes, musgos, helechos, enebros, acebos, bojes, salamandras, tritones, lagartos, víboras, petirrojos, pinzones, mirlos, arrendajos y alguna becada, así como búhos, lechuzas, conejos, zorros, tejones, comadrejas, jinetas, algún corzo y, últimamente, muchos buscadores de setas. 
Ya no sirven para producir carbón, leña o madera noble de ebanistería. Múltiples oficios y rendimientos daban al bosque una vitalidad y un tránsito no solo vegetal. Hoy la madera procede de los países del Este, la leña solo se singulariza en los hornos de las pizzerías y el serrín en los cultivos industriales de setas.
Los abetos se irán muriendo en silencio. Algunos hostales del Montseny, de suntuosos platos en la mesa, como el Avet Plau en Santa Fe o Els Avets en Espinelves, tal vez conserven un nombre convertido en reliquia histórica neblinosa, irreal, misteriosa, secreta, melancólica, vaga. Nadie sabrá ya recitar el soneto, también suntuoso, de Guerau de Liost:

El faig és gòtic com l’avet.
Mes l’avet puja fosc, aspriu,
sòbries les fulles, el tronc dret,
car és d’un gòtic primitiu.

Mentre el faig, trèmul, somriu
amb son fullatge transparent
on l’esquirol hi penja el niu,
car és d’un gòtic floreixent.

L’avet és gòtic com el faig.
Són les agulles dels cimals
on de la llum s’hi trenca el raig.

Són les agulles sobiranes
de les eternes catedrals,
immòbils, pàl.lides, llunyanes.


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