4 feb. 2019

Manolo Valiente, el custodio de la tumba de Machado en Collioure

Conocí a Manolo Valiente a comienzos de 1979 al pie de la tumba de Antonio Machado en Collioure, mientras preparábamos con los colegas del diario perpiñanés L’Indépendant la serie sobre el cuarenta aniversario de la Retirada republicana de 1939. Era un cantero, escultor y poeta sevillano exiliado en Banyuls. Una vez al mes acudía a vaciar el buzón de mensajes que él mismo había colocado en el dosel de la tumba para que el viento no los desperdigara por todo el camposanto, con la autorización municipal y de la Fundación Antonio Machado de la localidad, de la que era su dinámico secretario. Una tumba con buzón de correos adosado
no es algo frecuente. Conocer a Manolo Valiente tampoco lo era.
Parecía un ejemplar andante de sus aguileñas esculturas, dotado de enorme estatura que los cabellos blancos al viento coronaban y de una voz tonante utilizada con proverbial libertad. Era, como Machado, la sencillez y la generosidad personificadas, junto a una sólida firmeza de principios. Sabía alternar las aristas sulfurosas de carácter y la mayor dulzura. Podía ser martillo de herejes o bien un cordero candoroso, dependiendo del interlocutor, el tema o la tramontana.
"Machado se quedó con nosotros porque era de nosotros --me dijo en una ocasión martilleando cada una de sus palabras. Él no hubiera marchado a México mientras nosotros nos pudríamos en la arena. Machado está donde debe estar y donde debe seguir. Si tuvieran que llevárselo, también tendrían que trasladar a los refugiados que han muerto en el exilio".
Nació en Sevilla, igual que Machado, en 1908. A los ocho años murió su padre y la familia se mudó a Morón de la Frontera, donde a los diecisiete entró de aprendiz en un taller de escultura en madera. Durante la guerra civil combatió en el frente de Somosierra y en junio de 1937 sufrió un grave accidente. Cruzó la frontera el 10 de febrero de 1939 con el pecho escayolado por su herida en la columna vertebral.
Le condujeron al hospital de Perpiñán, acto seguido fue evacuado en tren al de Carcasona y tres días más tarde al de Leziñán, luego encerrado en los campos de concentración de Bram, Argelés y El Barcarés, hasta 1942. A la salida montó varias exposiciones de sus esculturas en madera y pinturas en Perpiñán, donde publicó en 1949 Arena y viento. Romances de un refugiado:

Yo he muerto y no quería
y nazco aún más fuerte.
Me he parido a mí mismo
y no ha visto la gente
que he sacado la vida
de un arenal de muerte.

En 1956 ingresó como lector de español en el colegio de Illa de Tet, que abandonó en 1963 para consagrarse a la explotación de pizarra en una cantera del municipio de Montoriol. Al cabo de tres años restauró un molino en la vecina localidad de Caixas e instaló allí el taller de escultor. Nunca regresó a su Andalucía. Falleció en 1991 en Banyuls, donde se encuentra enterrado y le han dedicado una calle.
Manolo Valiente me abrió por primera vez el contenido almacenado bajo su cuidado del buzón que colocó en la tumba de Machado. Con una selección de los mensajes publiqué un reportaje.
Tal vez el eco de aquella primicia le llevó a escribir: "Me acuso, don Antonio, de haber hecho colocar por el ayuntamiento de Colliure un buzón en la cabecera de la tumba donde reposan su madre querida y usted. Perdóneme, pero debo decirle que es lo único que se me ocurrió al ver con pena perderse un río desbordante de amor y de respeto hacia usted. Pensé que era preciso canalizarlo para que, ahora o más adelante, se pudiera conocer el amor que le profesa su pueblo. Amor único y de extraordinaria intensidad".

1 comentarios:

  1. Estos son las entradas de blog que admiro. Los personajes que sobrecogen por su entidad y entereza. Las acciones que me emocionan. La moral que late, malgré los tiempos. No sabía de Valiente y sus aptitudes creativas, de su calidad constructiva y consecuente. Así que agradezco la información. Salud y larga vida machadiana.

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