16 sept. 2019

El Botticelli a subasta y demás vergüenzas de Francesc Cambó

La noticia de que los herederos del multimillonario hombre de negocios y político de derechas Francesc Cambó ponen a subasta el cuadro de su propiedad pintado en 1490 por el maestro renacentista italiano Sandro Botticelli con el nombre de “Retrato de Michele Marullo” constituye el último episodio de la fabulosa fortuna del mecenas fallecido en 1947 en el autoexilio de Buenos Aires. Donó la mayoría de su colección por vía testamentaria al Prado y al Museo de Arte de Catalunya, con tres solas excepciones: el cuadro que deseara elegir su hija única como propiedad particular (fue este Botticcelli), un Zurbarán legado al amigo Bertrán i Musitu y un Cristo de la escuela del Perugino cedido a los capuchinos de Sarrià. El mecenazgo
cultural de Cambó tenía como misión ocultar otro más determinante y vergonzoso: su generoso financiamiento del levantamiento militar franquista contra la legalidad republicana, mantenido hasta 1939 pese a demostrar, desde los primeros compases de la guerra, la crueldad con que pretendía arrasar materialmente el tejido social republicano, no solo imponer un cambio de gobierno. El biógrafo Borja de Riquer califica la ayuda económica de Cambó a Franco de “notable” y “muy considerable”, aunque la ausencia de documentos no permita sustentar cifras.
Cambó confiaba en que durante la postguerra habría un lugar para al catalanismo moderado y amistoso de la Lliga. A partir de enero de 1939 le cayó la venda de los ojos y quizás también la cara de vergüenza. Se instaló junto a sus negocios multinacionales en Buenos Aires, donde murió en 1947.
El objetivo de encubrir su mecenazgo antidemocrático con otro de carácter cultural dio resultado. Todavía hoy algunos le consideran un personaje respetable. El Ajuntamiento socialista barcelonés le dedicó en 1997 un monumento público en la confluencia de la Via Laietana con la calle Jonqueres.

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