6 sept. 2019

Las queridas musas de la inspiración: hola y adiós

Las musas de la inspiración existen, ¡claro que existen! Son unas señoras algo caprichosas, llegan y se van cuando quieren, sin normas, compromisos ni horarios. A veces se ausentan una larga temporada, en otros períodos no sabes cómo decirles basta. Las musas de la inspiración son de algún modo como las legendarias meigas gallegas: “Haberlas haylas, y hay que saber besarlas”. Es preciso acogerlas  a su llegada y no preocuparse en exceso cuando huyen. Así pues, vistas las características de su volatilidad, vale más no depender mucho de ellas. Cada uno debe hacer su camino, con cierto grado de independencia de la compañía evanescente de las musas. En cualquier labor, la creatividad está hecha de un 10% de
inspiración y un 90% de transpiración. La parte más pesada es la primera, aunque no lo parezca, porque depende de la aparición voluble de una súbita claridad, después de darle muchas vueltas confusas.
Pero las vueltas confusas y aparentemente estériles tienen que haberse dado. Representan la parte más voluminosa, desagradecida y opaca, pero también la auténtica base, los cimientos paradójicos de los momentos solares. La inspiración no es más que un destilado de las gotas de sudor, una depuración tenaz, disciplinada y muy cabrona. Las musas nunca regalan nada.
La soledad que dejan las musas al marcharse no es el eco sordo del pozo seco, sino un vacío en tensión. La vida tiene etapas con marcadas diferencias. La cosecha siempre resulta incierta, al margen del esfuerzo invertido, sometida a los vaivenes veleidosos del azar. La nostalgia no arregla nada. A veces se debe seguir avanzado con el alma en los pies. Saber esperar solo puede ser la resultante de la actividad, no de la inactividad. Las musas jamás han tenido un comportamiento coherente.

1 comentarios:

  1. A la vista del panorama artístico actual, estoy por asegurar que las musas se han jubilado, pero lo que se jubilado de verdad es el esfuerzo y la "transpiración".
    Sin el trabajo constante de búsqueda, acción, corrección, insistencia y otra vez volver a corregir..., sin todo este esfuerzo no hay inspiración que valga, se queda en una destilación mental perdida en el territorio baldío del "artista inspirado", en su ego.
    En efecto, las musas no regalan nada. Hasta que no trazas la primera línea, delante del papel en blanco y con el lápiz en la mano se suda mucho; hablo de línea y papel porque soy arquitecto, otro hablará de nota sobre el pentagrama o de aquel primer verso que lo dictan los dioses. Luego viene todo lo demás, y cuando acabas la obra, nace la responsabilidad, esta es otra.
    Leo con gran interés esa "Apología de la curiosidad", soy un fiel seguidor de su blog, no en balde soy un lector empedernido de Josep Pla, creo haber leído su obra completa.
    Saludos
    Francesc Cornadó

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