La mejor literatura de viajes no siempre la escriben los exploradores más esforzados ni los aventureros más osados. A veces se logra sin salir de casa, con la imaginación, el recuerdo o la destreza literaria. Las descripciones más vibrantes de las ruinas de Atenas se encuentran en el Itinerario de París a Jerusalén, de Chateaubriand, quien tan solo permaneció dos días en la capital griega, en agosto de 1806. Retornado a Francia, cinceló el recuerdo como una elegía aun inigualada hoy. Josep Pla escribió una acerada
