La plaza de Ramón Berenguer el Grande, liberada del estacionamiento de autocares turísticos y pavimentada de nuevo, no está presidida como podría parecer por la canija estatua ecuestre del conde que le da nombre, obra del escultor Josep Llimona cuando era todavía estudiante de la especialidad. El monumento importante es la muralla que actúa de telón de fondo. No son unas piedras viejas cualquiera, sino la razón de ser de este país, aunque se encuentre tan mal explicado in situ. Catalunya (7,5 millones de habitantes) sería como Galicia (2,8 millones) si no hubiese dispuesto durante los veinte siglos que van de los iberos y romanos hasta hoy de una destacada metrópolis portuaria y mercantil como Barcelona, en vez de una red de ciudade