Ayer nos escapamos con Joan Anguera hasta el monasterio de Santa Maria de Lluçà porque dice que un día se sintió feliz en su recoleto claustro románico. El historiador y conservador que vive ahí todo el año, Joan Vila, nos enseñó el interior con todo detalle, incluidas las pinturas murales narrativas del siglo XIV, que eran como el You Tube de la época. A mi suelen gustarme más los exteriores, sobre todo en Lluçà. El topónimo deriva del genitivo latino lux-lucis (de la luz) porque aquí arriba no domina la neblina del llano de Vic. En efecto, ayer el sol lucía más aun que el Pantocrator románico,