El mes de enero se pueden producir unas calmas insólitas de bajamar, un sol invernal cálido, una luna llena resplandeciente. Es el momento de la exaltación contenida de la playa y la delicia de los erizos, las flores negras del mar comidas a la hora del aperitivo con un vinito blanco y los pies en la arena. Eran un elemento socializador, un rito primitivo del prodigio delicadísimo de las calmas de enero. Uno de los habitantes más ariscos del mar en el aspecto externo contiene en su interior la máxima suavidad, el más puro de los perfumes en la pulpa de los cinco filetes de una
