Comprendo que situar en un plato de guisantes primaverales o de habas tiernas rehogadas la máxima delicia imaginable dentro de este valle de lágrimas pueda parecer una rebaja a la mínima expresión de la infinita variedad de gozos y deleites que ofrece la vida terrena. Sin embargo no estoy nada seguro de que constituya una rebaja, yo votaría abiertamente a favor de la preeminencia de las habas y guisantes tiernos por encima de muchas otras cosas, en determinadas condiciones. La temporada de guisantes tiernos resulta brevísima y, como es sabido, cada día más incierta por la degeneración de la especie y la competencia de precio de los invernaderos y los congelados. Es muy probable que la mayoría de ciudadanos de hoy no
