La vista aérea de la foto adjunta no hace justicia del todo a uno de los rincones más bellos del país cuando se recorre a pie por el sinuoso camino de ronda que serpentea el acantilado y rodea la cazuela del mar de Begur. Pero la imagen me servirá para hablar de la Casa Rosa que se contempla en primer plano, una de las más agraciadas y cargadas de historia, que acaba de traspasarse a un nuevo propietario. Era una sencilla construcción de dos pisos utilizada por pescadores en verano, resguardada de tramontana. Pertenecía al begurense Francesc Font i Pi, quien en 1889 emigró a Puerto Rico y la puso en arrendamiento. En 1917 se
