En una ocasión un amigo de fino paladar, digno de todo mi crédito, me dijo con un rictus displicente: “Bah, no es más que una fonda de carne a la brasa”. Aquel día perdió todo mi crédito. Somos un país de larga tradición de cocina a la brasa, sin embargo aun no le hemos reconocido el elevado prestigio que posee en otros lugares, probablemente influidos aquí por el viejo mito de la cocina burguesa francesa de salsas y guisos de más compleja elaboración. Josep Pla afirma tajante en el libro El meu país: “La cocina a la brasa es la más directa y gustosa que haya. No tiene rival”. La afirmación es tan simple como su contenido conceptual. Quizás el problema sea ese: saber reconocer el valor