16 ago. 2014

Sexo es vida, sin ninguna duda, con infinidad de matices

Aparece con frecuencia un pequeño anuncio recuadrado en las páginas de los principales diarios que proclama: “Sexo es vida”. Hace publicidad para que la gente no se resigne a la abulia y acuda la consulta. La frase llama la atención por el mérito de la síntesis, aunque la segunda lectura revela la ausencia de matices. La afirmación está bien resuelta y no ofrece lugar a duda, pero elude que el decaimiento sexual no es solo una cuestión hormonal solucionable en una consulta. Relativizo el valor de la frase del anuncio a medida que le doy vueltas, sin dejar de tener de entrada toda la razón del mundo. Los mensajes publicitarios poseen la fuerza y el magnetismo del relámpago, tan fascinante cuando se mira de lejos en un escenario
general, en un plano muy abierto. Si quisiéramos mirar el relámpago de cerca, la impresión sería muy distinta sin dejar de ser el mismo fenómeno, el mismo hecho. Resulta difícil encapsular la realidad en tres palabras bien colocadas. El mérito de la síntesis requiere más pasos.
El hombre es uno de los primates con sexualidad más activa, un promiscuo vocacional en constante disposición en largas fases de la vida, en celo casi permanente de copulador bulímico en comparación con otros primates como chimpancés o gorilas. El homo sapiens se caracteriza por haber logrado independizar la sexualidad de la estricta fecundación y haberla convertido en una satisfacción más amplia, de mayor sentido. Este principio tiene aplicaciones concretas variadísimas, incluso contrapuestas, dentro de las cuales también tiene cabida la ignorancia, la rutina, la manipulación, el sometimiento, la deslealtad. Cada persona es un mundo y las asociaciones entre ellas conocen una cantidad de registros inabarcable. 
Sexo es vida, sin ninguna duda, pero el sexo y la vida estan hechos de matices que le dan la riqueza o la pobreza que la publicidad reduce al golpe seco de un slógan rápido, sin contradecir el enunciado de partida.

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