18 jul. 2012

Memoria de la fecha amarga del 18 de julio

Hoy, 18 de julio, no puedo dejar de recordar la ayuda militar masiva brindada por Alemania e Italia desde esta precisa fecha de 1936 a los sublevados de Franco, en contraste con la política franco-británica de No Intervención en la guerra civil española. Las dos principales potencias democráticas de Europa, Gran Bretaña y Francia, sentenciaron el destino del gobierno legal español, la amarga soledad de la II República en el frente internacional. Ni siquiera hubiera sido preciso un gesto francés de solidaridad o de fraternidad activa, simplemente
el respeto del derecho internacional que reconocía a un gobierno legal la libertad de comercio con sus aliados vecinos. Por si fuese poco, el tratado comercial hispano-francés vigente desde 1935 adjudicaba a Francia el monopolio de la venta de material de guerra a España. Por su lado, el gobierno de los conservadores británicos defendía sus intereses comerciales en España, donde el 40 % de las inversiones extranjeras eran inglesas, fuertemente representadas en los sectores de la minería, la electricidad y las comunicaciones ferroviarias y marítimas. Los tories temían de forma cerval un auge de la izquierda en Europa, una revolución social amparada por el "bolchevismo", a la vez que mostraban menos reticencias ante la peligrosidad del ascenso hitleriano. En la acción del jefe de gobierno del Frente Popular francés, León Blum, pesó decisivamente la alianza con el gobierno conservador británico, en un contexto internacional polarizado por la agresividad germano-italiana en aumento. En lugar de enfrentarse a aquella agresividad, los dos principales gobiernos democráticos de Europa occidental prefirieron "apaciguarla". La No Intervención en la guerra española, rubricada incluso con el mayor de los cinismos por Alemania e Italia, se mantuvo sin rubor. Se le añadió la administración demócrata del presidente Roosevelt con un embargo unilateral a la República española. Según Jean Lacouture, biógrafo de León Blum, "pocas cuestiones han dado lugar a tantas mentiras, formuladas o envueltas en el silencio" [Jean Lacouture: Léon Blum. Ed. du Seuil, París 1977].

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