9 ene. 2013

Un poco de poesía para la ingeniería pesada

Ha sido una mala idea dar el nombre de “Bertha” a la mayor tuneladora del mundo, con cabeza giratoria de 17’5 m de diámetro, recién construida en Japón y destinada a abrir el nuevo túnel de circulación bajo la ciudad norteamericana de Seattle por parte de la empresa Dragados USA, filial de la compañía española de obras públicas que dirige Florentino Pérez. En este caso la denominación alude a Bertha Knight, alcaldesa de Seattle de 1926 a 1928, pero en todo el mundo la Gorda Bertha es el nombre legendario del cañón alemán de gran calibre que bombardeó París y varias ciudades francesas y belgas durante la Primera Guerra Mundial, una tremenda pieza de 420 mm de calibre y 5 m de largo, capaz de disparar obuses a 9 km de
distancia y atravesar muros de 3 m de espesor en cemento armado, fabricada por la empresa Krupp en Essen.
El nombre de Bertha ha pasado a la historia como una de las piezas de artillería pesada más mortíferas y odiadas. Ahora se ha convertido en el de una tuneladora líder, destinada a otro tipo de boquetes. Estos descomunales gusanos están de plena actualidad, en particular en Barcelona y toda Cataluña, por la reciente construcción de los túneles del tren de alta velocidad. Con una cabeza giratoria de 12 m de diámetro, la tuneladora Barcino abrió un túnel de 6 km de recorrido que atraviesa toda Barcelona, de la estación de Sants a La Sagrera, pasando por debajo de la Sagrada Familia. La similar tuneladora Gerund hizo lo propio a lo largo de 3 km bajo la ciudad de Gerona. Las tuneladoras Tramontana y Mistral se encargaron de las dos partes del túnel fronterizo en La Jonquera y El Perthús. Apenas terminado su trabajo, han aparecido en La Jonquera más tuneladoras, ahora para abrir otro túnel de 8’5 km, paralelo al del AVE y a la autopista, para el tramo soterrado de la nueva línea eléctrica de Muy Alta Tensión (MAT) que debe entrar en servicio en 2014. Ninguna de esas tuneladoras alcanzó los 17’5 m de diámetro de la gorda Bertha, pero en cambio fueron bautizadas con nombres algo menos desafortunados. La ingeniería civil debería merecer un poco más de poesía que la artillería pesada.

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