25 mar. 2013

Pompeya: la fiebre de la ciudad inerte y el pasado viviente

La fascinación masiva que ejerce el yacimiento arqueológico de Pompeya no es extraña, tan solo algo morbosa. La ciudad romana mejor conservada, muerta y al mismo tiempo intacta, permite recorrer la vida cotidiana de veinte siglos atrás sin el más mínimo añadido ni reconstrucción, tal como la sepultó en pocas horas la lluvia de lava y ceniza del Vesubio, el 24 de agosto del año 79 dC. La Pompeya inerte es pura historia viva y los dos millones de visitantes anuales sienten su latido sobre el terreno. Como si no tuviera bastante con ser el monumento más visitado de Italia, las exposiciones sobre los últimos hallazgos de
Pompeya se multiplican por el mundo. En estos momentos coinciden tres de ellas: en el Museo Británico de Londres, el Centro de Arte Canal de Madrid y el Museo de Arte de Cleveland.
En 1992 ya me sorprendió en Londres una exposición sobre Pompeya patrocinada por la multinacional IBM, con 200 piezas auténticas y, sobre todo, las innovadoras pantallas interactivas para recorrer virtualmente todo el yacimiento. En 2011 Pompeya me sorprendió de nuevo como exposición temporal de amplio público en el Museo Maillol de París. Ahora vuelve a desplegarse simultáneamente en Londres, Madrid y Cleveland… Los organizadores saben lo que hacen y llevan toda la razón. 
Una capa de seis metros de ceniza sirvió durante siglos de sudario protector y permitió la prodigiosa conservación de la trama urbana con todos sus detalles, inclusive algunos cuerpos humanos inmovilizados en el instante fatídico, moldeados en la lava petrificada. El rey borbón de Nápoles y Sicilia --y futuro Carlos III de España-- encargó las primeras excavaciones al cuerpo de ingenieros del ejército español en 1748. 
Pompeya se halla bien comunicada con Roma y Nápoles. Desde la capital italiana el tren sitúa cómodamente en Nápoles en una hora de trayecto. A continuación los trenes locales y autobuses hasta la estación Pompei Scavi (dirección Sorrento) cubren el recorrido en menos de media hora, para contemplar el trazado viario de la antigua ciudad, las edificaciones dedicadas a múltiples usos y su disposición y decoración interior: circo, anfiteatro, casas de distintas clases sociales, tabernas, tiendas, talleres, lavaderos, termas y burdeles, con las frases de promoción garabateadas en las paredes o los precios y anuncios de productos y servicios. 
Dos tercios de la ciudad permanecen todavía bajo la ceniza, tan solo se visitan 15 de sus 67 hectáreas. Más rico sería todavía su testimonio si no hubiera sufrido otro diluvio de fuego mucho más reciente, machacada por los bombarderos británicos y norteamericanos de las tropas aliadas el 24 de agosto de 1943, combatiendo una supuesta división panzer alemana agazapada entre las ruinas. Además de la destrucciones directas, las explosiones abrieron grandes boquetes en el terreno, dejando a la intemperie muros y frescos. Lo que el estrato de ceniza había conservado durante dieciocho siglos, la lluvia lo destruyó a continuación en pocos años. Desde 2006 Pompeya se encuentra hermanada con Tarragona, en el mismo empeño de hacer hablar a la ruinas romanas al mundo de hoy, con la ayuda de modernas exposiciones temporales en todo el mundo.

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