13 ene. 2015

En Aiguablava incluso se llega a descubrir el Mediterráneo

El mismo diario barcelonés que en 2012 anunció con honores de portada el descubrimiento en una finca privada de Palamós de un amplio claustro románico de procedencia desconocida que luego resultó falso, ahora proclama a toda página con la misma ligereza que ha sido encontrado “El último yacimiento inédito catalán” en la vecina playa de Aiguablava (Begur), en el cerro de la Punta d’Es Mut actualmente ocupado por un Parador Nacional. La lectura de la página entera  lleva a sospechar un resultado similar al de la primera de las exclusivas sensacionales. Puede entenderse que un diario de información general no tenga conocimientos arqueológicos detallados, pero debe tenerlos sobre periodismo y contrastarlas informaciones antes de
publicarlas a toda página y calificarlas como lo hace en su título. El hallazgo de fragmentos cerámicos diseminados en el cerro de Aiguablava, de una vaga datación entre el siglo VII y el siglo VI aC, responde a la misma lógica elemental que todas los demás hallazgos similares en los cerros litorales vecinos, donde se asentaban las poblaciones prehistóricas.
Un hallazgo de fragmentos cerámicos no es lo mismo que un yacimiento excavado, estudiado, interpretado y presentado. El artículo reconoce que en 1833 el historiador Josep Pella i Forgas ya se refería a este asentamiento en su Historia del Ampurdán, así como otros autores posteriores. Ahora han encontrado fragmentos cerámicos, como es natural. El diario concluye: “El equipo que ha estudiado el yacimiento se ha mostrado esperanzado en que futuras intervenciones arqueológicas esclarezcan las dimensiones, la cronología precisa y las razones que comportar el abandono del asentamiento el siglo VI aC”. 
Paseo de vez en cuando por los alrededores del Parador de Aiguablava, más concretamente por el camino de ronda que parte de la playa situada a sus pies y llega costeando hasta la cala de Fornells y la Platja Fonda. El mamotreto blanco del Parador, diseñado por el arquitecto Raimon Duran Reynals, siempre me ha parecido una excrecencia fuera de lugar, concebida expresamente para clavar una coz a este paisaje tan afortunado. 
La construcción de un Parador Nacional en plena Costa Brava, dotada de infraestructuras hoteleras privadas más que suficientes, fue idea de un franquista inflamado como el director general de Turismo, el periodista malagueño Luis Bolín, quien ocupó el cargo de 1938 a 1952 en agradecimiento a los servicios prestados durante la Guerra Civil. Cuando residía en Londres como corresponsal del diario ABC, Bolín fue la persona que alquiló la avioneta privada Dragon Rapide con la que el general Franco viajó de Canarias y Marruecos, donde se había sublevado, hasta la Península para dirigir la guerra civil que acababa de provocar. 
En la postguerra, la idea de Bolín de construir un Parador Nacional en Aiguablava representaba un bofetón contra los dos principales propietarios del lugar, vinculados a la proscrita Lliga Catalanista: Joan Ventosa Calvell y Xiquet Sabater, responsable del Hotel Aiguablava. El Parador fue inaugurado por el ministro Fraga Iribarne el 24 de enero de 1966. Hasta entonces la red de Paradores se había especializado en edificios históricos fuera de los circuitos turísticos mayoritarios. El de Aiguablava era una excepción y lo sigue siendo. 
En Aiguablava y su cabo de Punta d’Es Mut hay historias poco conocidas mucho más jugosas –y contrastadas— que la de los fragmentos cerámicos convertidos en “El último yacimiento inédito catalán”. Por cierto, Josep Pla puso el nombre de Punta d’Es Mut a la editorial ficticia que publicó en 1954 en edición limitada a cuenta de autor su delicioso libro Peix fregit. Además, el topónimo recuerda que en el Ampurdán y toda la Cataluña Vieja se practicaba el “habla salada”, el artículo determinado en “es” y sa”, hoy prácticamente perdido. Yacimientos de historias los hay en Aiguablava de muchas clases.

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