17 mar. 2015

Julitette Binoche encarna en el teatro a Antígona, la vigencia de los clásicos griegos

La actriz francesa Juliette Binoche protagoniza en inglés hasta el 28 de marzo en el Barbican de Londres una nueva versión de la Antígona de Sófocles, adaptada por la poeta canadiense Anne Carson y dirigida por el belga Ivo van Hove. No es la primera vez que la oscarizada intérprete (su último film es el de Isabel Coixet Nadie quiere la noche) sube a los acreditados escenarios teatrales londinenses, aunque hacerlo en esta ocasión con una tragedia clásica griega subraya la vigencia de esas obras escritas 2.500 años atrás. El director del montaje le dio a elegir entre una Electra, una Medea o una Antígona. La actriz escogió a la heroína que desafía al poder para cumplir con sus principios y transgredir la prohibición de enterrar a su hermano caído en el
combate, escenificada esta vez con pantalones y blusa negra en un decorado intemporal.
Después de 2.500 años de historia de la humanidad, aun resulta impensable saber nada de política, de filosofía, de arte o de teatro sin conocer a los clásicos griegos. Daban un sentido a la vida que sigue siendo el nuestro, de una forma remota en el tiempo y a la vez familiar. Es así por un punto esencial: los clásicos griegos establecieron, con los medios del momento, que no hay ninguna cuestión que no pueda ser sometida a examen. Representó un paso definitivo, en el que todavía nos hallamos. Su filosofía no era una especulación metafísica, esotérica, elitista o académica sino una labor de reflexión y argumentación con validez lógica y práctica, probablemente con la incorporación de antiguos conocimientos babilónicos, egipcios y fenicios que ellos sistematizaron. 
Todos los occidentales somos un poco griegos, con veinticinco siglos más a cuestas, más experimentados y por consiguiente más escépticos. La historia y los mitos resultan vitales en cualquier cultura, consustanciales a cualquier elaboración mental y social, siempre que no se pretenda exagerar la distancia entre la historia mítica y la realidad. 
Las populares, retorcidas y sangrientas tragedias griegas divulgaban lecciones cívicas, expresaban nuevas ideas morales y políticas, querían consagrar la superioridad cultural de Atenas a través de las artes y el pensamiento. Eran propaganda ideológica del planteamiento democrático ateniense bajo una forma que hoy identificaríamos demasiado expeditivamente con telenovelas de canal berlusconiano cargadas de pasiones devoradoras, furores extremos, destinos hostiles, desgracias inexorables, cadáveres insepultos, raptos fatídicos, asesinatos truculentos, incestos, concubinatos, madres que mataban a los hijos, hijos que mataban al padre y se casaban con la madre, hermanos que se mataban entre sí… Por eso eran tragedias, claro está. Y también por lo que acabo de aludir más arriba se siguen representando con brillantez en el mundo de hoy. 
La adaptación protagonizada por la Binoche emprenderá después de Londres una gira internacional. Algunos años atrás habría parecido probable que la gira pasase por Barcelona, actualmente se admiten apuestas. Decía que ahora somos más experimentados y por consiguiente más escépticos...

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