6 mar. 2015

La señora Clooney quiere ser Melina y devolver los mármoles del Partenón

A la abogada Amal Alamuddin no le basta con ser actualmente Amal Clooney en el registro civil. También quiere ser Melina Mercouri, no solo parecerse físicamente de lejos. La letrada inglesa de origen libanés y el despacho de abogados londinense Doughty Street Chambers en que trabaja asumió en octubre del pasado año la vieja reclamación del gobierno griego contra el Museo Británico para que devuelva los mármoles del Partenón que exhibe, arrancados el año 1803 en una operación de legalidad más que dudosa. El nuevo gobierno de Atenas consideró el mes pasado que
los honorarios del despacho londinense eran extravagantes y dejó el encargo en suspenso, hasta que un mecenas griego anónimo se ha ofrecido a cubrir la minuta.
Amal Alamuddin visitó Atenas el mes de octubre y, naturalmente, recorrió el nuevo Museo de la Acrópolis que espera la restitución de los mármoles arrebatados para completar toda la secuencia de los originales que posee y expone. El Museo Británico de Londres exhibe por su parte 56 de las 97 piezas del friso esculpido del Partenón, 15 de las 64 metopas y 9 estatuas de las 50 de los dos frontones del célebre edificio clásico.
El gobierno inglés se niega a devolverlas, pese a haber sido arrancadas por lord Elgin en condiciones abusivas, a través de un vago acuerdo establecido con el ocupante turco del momento. La definición de elginismo designa hoy en todo el mundo el pillaje, el espolio, el robo de obras de arte. 
El argumento de que su traslado a Londres permitió conservar las piezas griegas en mejores condiciones cayó hecho añicos cuando el Museo Británico tuvo que admitir –tras largos años de encubrimiento-- que los utensilios metálicos y los líquidos abrasivos utilizados en los años 1930 para limpiar los mármoles espoliados del Partenón hicieron desaparecer los rastros más informativos de la superficie original, los detalles perdidos para siempre. Los mármoles del Partenón se encontrarían infinitamente mejor conservados en el moderno Museo de la Acrópolis que en el Museo Britànico, también desde un punto de vista estrictamente técnico. 
La campaña por el retorno de los mármoles del Partenón fue uno de los caballos de batalla de la popular actriz y ministra de Cultura Melina Mercouri. Desde 1977 era diputada electa por el distrito de El Pireo. Al llegar al poder los socialistas de Papandreu en 1981, el primer ministro le confió la cartera de Cultura, en la que se mantuvo durante cerca de nueve años, en dos legislaturas seguidas, de 1981 a 1989, y posteriormente una tercera de 1993 a 1994, hasta el momento de su muerte. 
La inexperiencia la llevó a creer que en política podía seguir siendo ella misma y utilizar el método de invertir el prestigio personal, la pasión, la generosidad y los contactos internacionales a su gestión. Le fallaron los tres grandes retos que se planteó de forma candorosa y temeraria: conseguir que los Juegos Olímpicos de 1996 se celebrasen en Atenas, que volviesen los mármoles del Partenón retenidos por el Museo Británico y que la eligiesen alcaldesa de la capital, como lo había sido su abuelo. Le fallaron los tres, pero no fracasó en absoluto. 
La candidatura frustrada a la organización de los Juegos de 1996 --los del centenario de la reinstauración moderna en Atenas-- fue otorgada finalmente a Atlanta, la sede central de la Coca-Cola. La decisión dio origen a una de las frases memorables de Melina: “Ha ganado la Coca-Cola, ha perdido el Partenón”. Los Juegos se organizaron en Atenas el año 2004, diez años después de su muerte. 
Con los mármoles griegos del Museo Británico eligió un enemigo difícil, aunque su campaña consiguió poner el litigio sobre la mesa y suscitó adhesiones en todo el mundo, inclusive una parte de la opinión pública británica. Los Elgin marbles pasaron a ser llamados los “mármoles de Melina”. El texto de la conferencia que pronunció en 1986 ante los miembros del club de debate Oxford Union sigue siendo una gran pieza de oratoria contemporánea, sin abandonar ni un milímetro el estilo pasional. 
Para empezar Melina dijo al selecto auditorio: “Ustedes saben que dicen de nosotros los griegos que somos gente fervorosa y de sangre caliente. Pues bien, permítanme añadir algo: es cierto. Y yo no soy conocida como excepción”… Una vez situados con este arranque, les soltó: “Deben entender lo que los mármoles del Partenón significan para nosotros: son nuestro orgullo, nuestros sacrificios, nuestro símbolo de excelencia más noble, un tributo a la filosofía democrática, son nuestras aspiraciones y nuestro nombre, son la esencia del ser griego”. 
Los mármoles todavía no han regresado, sin embargo los tres mandatos ministeriales de Melina resultaron decisivos para construirles el moderno Museo de la Acrópolis, un edificio al que pueden aplicarse las palabras que ella pronunció en el Festival de Cine de Venecia en 1985 para que los gobiernos europeos fomentasen las películas producidas en sus países, frente al rodillo de las majors norteamericanas: “Europa tiene mucho talento y es preciso que lo defienda, debemos luchar por la idea de una Europa unida como luchamos en la resistencia. Me gustaría que alguien se plantease un film hablado en todos los idiomas de Europa. Los griegos debemos mirar hacia el futuro. Yo amo mucho a la Acrópolis, la adoro y sé que es algo que hicimos entre todos los griegos, pero ahora deben levantarse nuevas acrópolis”. 
El moderno Museo de la Acrópolis es una de esas “nuevas acrópolis” que pedía Melina y que ella comenzó a gestar desde el ministerio de Cultura. Era la última batalla de una mujer que para muchos griegos significó el triunfo de la energía, la libertad y la belleza. Para muchos griegos, no todos. La democracia permite que convivan puntos de vista y simpatías diferentes, admite la discrepancia y la confrontación de ideas. Otra parte de los griegos la deben encontrar fea, exagerada e izquierdosa. 
Amal Alamuddin lo sabe perfectamente. Tras haber defendido o asesorado con mayor o menor fortuna otros casos internacionales sonados, los “mármoles de Melina” representan un golpe de efecto en su currículum.

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