16 abr. 2015

La religión también es una cuestión de ejercicio de la democracia


Quienes somos católicos administrativos y nos sentimos ante la creencia religiosa indiferentes o neutrales por una vez, no podemos mostrarnos sorprendidos con los resultados de la encuesta elaborada por el Centro de Estudios de Opinión de la Generalitat de Catalunya y presentado la pasada semana por la vicepresidenta del gobierno autonómico. Según este estudio basado en 1.600 cuestionarios presenciales, el 52,4% de los catalanes se declaran católicos, un 18,2% ateos, un 12% agnósticos, un 7.3% musulmanes,
un 2,5% evangélicos, un 1,3% budistas, un 1,2% ortodoxos, un 0,4% testigos de Jehová y un 2,3% se manifiesta seguidor de otras religiones. El 82,1% de quienes se declaran católicos son mayores de 65 años.
El 90% de los catalanes creen que hay respeto y buena relación entre las distintas religiones o a-religiones presentes en el país. En cualquiera de los capítulos enumerados, son cifras que habrían resultado impensables pocas décadas atrás, menos aun divulgadas públicamente. Reflejan un rápido cambio del sentimiento religioso, al menos en lo declarado en una encuesta. 
La religión no ha sido nunca una cuestión exclusivamente espiritual ni una opción totalmente libre. Al contrario, la mayoría de las veces ha consistido en un elemento de identificación sociocultural para quienes se adscriben a cada una y un instrumento de dominio por parte de las jerarquías eclesiásticas. Hace algunos siglos, no muchos, las llamadas guerras de religión o guerras santas causaban también en Europa extensas y persistentes matanzas con una furia irredenta. Hace algunas décadas, no muchas, la religión católica era la impuesta sin contemplaciones por el régimen franquista. 
El dominio de la religión católica ha cedido terreno aquí en poco tiempo a una democratización de la sociedad. La jerarquía eclesiástica ha aceptado, de buen grado o por la fuerza de la realidad, dar un paso atrás en el grado de control social ante la pluralidad democrática y retirarse a posiciones adquiridas, ya sea en el terreno ideológico o en el material, por ejemplo el discreto dominio del catastro de propiedades inmobiliarias con exención de impuestos. 
Tan solo la mitad de los catalanes se declaran hoy católicos (sin entrar en si practican, solamente lo hacen la cuarta parte de ellos, según otra encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas de marzo de 2015 referida al conjunto de España), un tercio de catalanes se reconoce ateo o agnóstico, y otro tercio se identifica con religiones minoritarias. Es el fruto de una larga y cruenta lucha por la libertad en este terreno.

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