11 ene. 2016

El plagio bien entendido del Pirellone milanés en el rascacielos del Banc de Sabadell

El suplemento de viajes del diario El País dedica una página entera al emblemático rascacielos milanés de 127 metros de altura y 31 pisos conocido por Il Pirellone, levantado en 1960 por el arquitecto Gio Ponti en modernas líneas funcionales como sede corporativa de la empresa Pirelli, y convertido desde entonces en símbolo de la prosperidad de la “capital moral” de Italia. El artículo no aclara el motivo de dedicarle ahora una página sin nada nuevo y omite uno de los hechos destacados que caracteriza al célebre edificio: haberse visto plagiado y superado con elegancia aumentada
en 1969 por el arquitecto Francesc Mitjans (juntamente con Santiago Balcells) en la sede barcelonesa del Banco Atlántico (ahora Banc de Sabadell), en la confluencia de la Diagonal con la calle Balmes.
La colosal escalinata de la Estación Central de Milán proyecta al viajero hacia la calle con majestuosidad y lo estampa contra el rascacielos Pirelli que se yergue en la misma plaza, con un impacto deliberado y garantizado. Con este primer contraste impreso violentamente en la retina, el recién llegado a Milán adquiere una imagen intencionada de la ciudad lombarda, de la capital económica del país y polo de la modernidad. 
La Estación Central de Milán es un monumento destacado del fascismo arquitectónico, el Pirellone de la belleza de líneas de la pujante modernidad milanesa. Un contraste más osado todavía fue plantado al ladito del sobrecargado gótico florido del Duomo milanés (“una catedral hecha expresamente para que la admiren los suramericanos”, escribió Josep Pla) por el rascacielos de la Torre Velasca, diseñado en el mismo momento y con la misma audacia que el Pirellone. 
Milán no tendrá jamás el encanto de Roma, pero tampoco será jamás una ciudad industrial o administrativa. Su vitalidad limita al norte con la propia madurez histórica y al sur con el espíritu mercantil consolidado. También se ve empujada al oeste por unas cordiales relaciones con el instinto urbano monumental y al este por la condición irrenunciable de italiana. La proximidad, la osmosis con Suiza, Francia o Alemania no la ha llevado nunca a mercadear su italianidad. 
El Pirellone ha envejecido con dificultad, los materiales de revestimiento se han visto erosionados con excesiva rapidez, el mantenimiento no siempre ha lucido como habría sido preciso, tal vez porque desde 1980 ya no lo ocupa la empresa Pirelli (ahora es la sede administrativa de la Región Lombarda). En cambio la inspiración directa que extrajo Francesc Mitjans pocos años después para el rascacielos barcelonés del Banco Atlántico confirmó desde el primer momento el principio clásico y asentado: el plagio solo se justifica si va acompañado por el asesinato, es decir cuando supera el modelo de referencia. 
El rascacielos barcelonés es una copia reconocida de las líneas del Pirellone, pero las mejoró en muchos detalles, y hoy su prestancia se mantiene más esbelta que el original. Es un mérito del Pirellone milanés –y del plagio bien entendido-- que quiero reconocer.

1 comentarios:

  1. El concepto de plagio no se aplica a la arquitectura. Un edificio es una respuesta a las necesidades de habitabilidad del hombre y es también una respuesta cultural más de la sociedad que se expresa con su artuitectura como otra de las bellas artes. Los modelos clásicos como el Partenon, el Capitolio, el Panteón, la cúpula de Brunelleschi o el Royal Crescent en Bath se han repetido a lo largo de la historia y los arquitectos los han adaptado a las necesidades funcionales y de lugar. El concepto de plagio que tanto se utiliza en literatura y en música no suele utilizarse en arquitectura. La originalidad está sobrevalorada. Shakespeare copió, las tragedias griegas se han reescrito por autores eminentes, la columna toscana se ha repetido hasta la saciedad y las follías españolas en música se han reeditado mil veces. Lo malo es cuando se copia mal. Afortunadamente en arquitectura, los buenos arquitectos como Mitjans, han sabido utilizar tipologías, cuando no incluso modelos existentes, con el buen fin de dar una solución adecuada.
    Lo malo de todo esto es cuando se copia sin sentido. Cuando un patán escribe otra tragedia griega y la pone en forma de relato lacrimógeno, cuando un arquitecto proyecta un edificio mal equilibrado, descompuesto y atendiendo a la vanidad personal por encima de la resolución de los problemas constructivos y estructurales.
    Salud
    Francesc Cornadó

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