10 jun. 2016

Placidez y tormento de Pavese en la tierra natal de las “langhe”

Las langhe, la tierra natal de Cesare Pavese, son pliegues ondulantes modelados por los afluentes del Po en la provincia piamontesa de Turín, un sistema orográfico afectuoso y utilitario tejido por viñas microparceladas, un mar estático peinado por las hileras de cepas. Decía Pavese en el relato La viña: “La viña está hecha también con eso, una miel del alma, y algo de su horizonte abre plausibles vistas de nostalgia y esperanza”. Su pueblo natal, Santo Stefano Belbo, se encuentra a 70 km de Turín. Es el escenario del libro La luna y las hogueras, donde apuntó: “Es preciso tener un pueblo, ni que sea para marchar. Un pueblo significa
no estar solos, saber que entre su gente, sus plantas y su tierra hay algo tuyo que te espera incluso cuando no estás”.
La planta baja de la casa natal de Pavese opera hoy como Osteria del Gal Vestí. Al mediodía emana un aroma de sofrito de ajo que invita a entrar. Dispone de un comedor interior y también de un delicioso pergolato all’aperto para comidas y cenas veraniegas, a la sombra del busto con peana dedicado al escritor. 
El nombre del establecimiento significa del Gallo Vestido y se refiere a Pavese, al que tildaban en langarolo (uno de los dialectos locales del piamontés) con la irónica expresión cuando llegaba trajeado de Turín. Nació el 9 de setiembre de 1908 en esta casa veraniega que la familia, residente en Turín, vendería al cabo de pocos años, a la muerte prematura del padre. Cesare Pavese conservó raíces y amistades en el lugar de veraneo de su infancia y adolescencia, hasta convertirlo en escenario de varios relatos. 
En la novela Paesi tuoi (De tu tierra), escribió un duro retrato de la vida en el campo, cargado de violencia, pobreza material y espiritual, incesto, crimen y muerte. También la trágica novela autobiográfica La luna y las hogueras es un repetido impulso de retorno a la tierra y a la vez el testamento espiritual de Pavese, más aun que el diario El oficio de vivir o las poesías publicadas póstumamente. Alternó la visión sombría con la idílica, la convicción sobre la superioridad de la cultura urbana y universal con la atracción del mundo local de los orígenes, a pesar de verlo por momentos como atrasado y supersticioso. 
EActualmente en la mesa de la Osteria del Gal Vestí se rinde tributo a la trufa blanca de la comarca, cotizada y cobrada por gramos, como las sustancias más alucinógenas.  Sin embargo los momentos de elevación procurados por la trufa blanca en la Osteria del Gal Vestí pueden verse arrasados algunos días por la irrupción en el comedor de una ruidosa cuadrilla de comensales con tendencia a utilizar el pensamiento con la máxima lentitud y las cuerdas vocales con la máxima intensidad.
Cesare Pavese anotó al respecto en El oficio de vivir, ni que fuese de una forma más filosofal y elíptica: “Una vez asentada la exigencia mítica de sentir la realidad de las cosas, es necesario el valor de mirar con los mismos ojos a los hombres y sus pasiones. Pero resulta difícil e incómodo, dado que los hombres no tienen la fijeza de la naturaleza, su amplia interpretabilidad, su silencio. Los hombres salen a encuentro imponiéndose, agitándose, expresándose. Tu has tratado de distintos modos de fijar-os –aislándoles en sus momentos más naturales, sumergiéndoles en la naturaleza, reduciéndoles a destino. A pesar de todo tus hombres hablan, hablan, el espíritu se debate en ellos, aflora. Esta es su tensión. Pero tu padeces este espíritu, no quisieras encontrarlo nunca. Aspiras a la inmovilidad natural, al silencio, a la muerte. A hacer de ellos unos mitos polivalentes, eternos, intocables, que desprendan a pesar de todo un encanto sobre la realidad histórica y le den un sentido, un valor”. 
Aquí casi todos los hombres viven de la viña y la trufa. El vino de las langhe pertenece la cotizada denominación de origen Barolo, una de las más conocidas y exportadas de Italia. El estado aparente de placidez de las langhe es fruto de una idealización romántica, una abstracción. La naturaleza rompe periódicamente el equilibrio también aquí, entra en un estado de enfebrecida ira, exhibe las tempestades de su alma en un rapto de fuerza oscura, salvaje, innata. La belleza convive con el mal y a veces se confunden entre sí. Las inundaciones de 1994 causaron 70 muertos y 2.200 personas sin techo en esta comarca.
A la muerte de Pavese en 1950, su poemario La terra e la morte se vio superado por los diez poemas inéditos, editados póstumamente bajo el nombre del más conocido y estremecedor de todos: Verrà la morte e avrà i tuoi ochi (Vendrá la muerte y tendrá tus ojos). Existe una versión que supera la original: la recitada por el actor Vittorio Gassman, que se encuentra en You Tube. La declamación fue previa a la literatura y, en algunas ocasiones como esta, todavía muestra su primacía: dilata la palabra escrita y le devuelve el temblor en vivo. 
El poema Verrà la morte e avrà i tuoi occhi ha conocido otras versiones, como las cantadas por Leo Ferré en lengua original o la traducida al euskera por Paco Ibáñez (Heriotzaren begiak), también disponibles en You Tube.

Verrà la morte e avrà i tuoi occhi.
Sarà come smettere un vizio,
come vedere nello specchio
riemergere un viso morto,
come ascoltare un labbro chiuso.
Scenderemo nel gorgo muti.


Podría serlo, pero no es el epitafio que figura en su tumba, a la entrada del cementerio de Santo Stefano Belbo. La lápida de piedra reza con la máxima concisión “Ho dato poesia agli uomini”. Es correcto, aunque más acomodaticio que el poema. Me dio a pensar en la doble interpretación posible de tantas cosas.

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