13 ene. 2017

La flor de la mimosa se ha industrializado, pero sigue luciendo igual

El microclima soleado del valle de Ceret y la abundancia de agua que baja del Canigó, en la resguardada ladera pirenaica nord-catalana de la comarca del Vallespir, han favorecido desde siempre las flores, frutas y hortalizas más tempranas. Estos días estalla el lirismo invernal de las mimosas, recién florecidas en pomos de un amarillo estridente, confiado, deslumbrante. El mercado exterior de los productos de Ceret es París y la Europa central, donde sus cerezas tienen fama consolidada por ser las primeras que llegan, enrojecidas por el sol, dulces y relucientes, cuando allí aun predomina el frío y el cielo bajo. La floración de las mimosas no es solo noticia puntual en los diarios roselloneses. También se convierte en toque de corneta para la movilización de
productores y exportadores de la vieja Cooperativa Ceret Primeurs, puesto que actualmente la bucólica mimosa también representa un negocio industrial.
La cooperativa de Ceret suma 80 productores y vive sobre todo de la exportación de cotizadas cerezas, las más tempranas de todas. Tres años atrás se fusionó con las cooperativas frutícolas vecinas de Bulaternera y Clairà a fin de aumentar de talla y poder negociar mejor con las grandes empresas de distribución europeas. Han multiplicado por tres la facturación. Además de cerezas, ahora comercializan melocotones, albaricoques, granadas, alcachofas, lechugas... 
Su última ofensiva de exportación de mimosa en flor quiere desestacionalizar el trabajo, generar actividad en un momento vacío de la temporada baja. Las ramas de mimosa conducidas por los recolectores hasta las instalaciones de la cooperativa son convertidas en pomos de 150 gramos, que el mayorista vende a 2,50 euros. Es preciso confeccionar 60 por hora, uno por minuto, para que salgan los números y poder servir en muy pocos días la comanda de 3.000 pomos a una gran superficie del norte. 
La cooperativa de Ceret vende 3 toneladas de mimosa en flor por año. En el conjunto del Rosellón nord-catalán se comercializan 100 toneladas y en los departamentos mediterráneos provenzales de Alpes Marítimos y Var hasta 1.100 toneladas anuales. 
La mimosa, como decía, se ha industrializado. Afortunadamente no lo aparenta. Colocada en el jarrón sobre la mesa de casa, en lo alto del carrito de la compra o en el regazo del comprador, todavía proyecta como antes la luz más viva del invierno y la fragancia precoz de la primavera próxima. La mimosa es otro de los grandes lujos baratos, espontáneos y sinceros.

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