4 abr. 2018

El templo de Venus de Cabo Norfeu no se ve, pero está

Cuando voy a Atenas prolongo siempre la visita hasta las ruinas del templo de Poseidón en lo alto de Cabo Sunion, asomado a las azulísimas aguas del golfo Sarónico, para contemplar el barniz de los siglos sobre una de las puestas de sol más acreditadas del Mediterráneo y recitar a media voz la elegía insuperada de Carles Riba: “Súnion! Te evocaré a lo lejos con un grito de alegría, tu y tu sol leal, rey de la mar y del viento: por tu recuerdo, que me yergue, feliz de sal exaltada, con tu mármol absoluto, noble y antiguo yo como él”... Se trata de un templo de pequeñas dimensiones, medio derruído, modesto, bellísimo, uno de los que merecen más ese nombre entre los incontables templos de todo tamaño y confesión
repartidos por el mundo. Este es el templo de mi mundo.
Al rodearlo lentamente y observar la tierra y el mar, me parece cada día más que Cabo Sunion es una réplica conforme de Cabo Norfeu, una subpenínsula con personalidad propia del gigantesco misterio geológico que la tramontana y el mar han labrado en la roca del Cap de Creus.
Varios autores romanos dejaron escrito que en este punto, de navegación obligada dentro de las rutas de la época, se veía desde las naves un templo. Hablan de un Afrodision o templo a Venus (la diosa griega Afrodita era la romana Venus).
A diferencia del templo de Poseidón en Cabo Sunion, el de aquí no ha sido localizado. Nadie se ha esforzado mucho en ello. Podría hallarse bajo el emplazamiento de Sant Pere de Rodes, de Sant Martí d’Empúries o de la localidad portuaria rosellonesa de Portvendres (Portus Veneris).
Dado que no se sabe nada en concreto, puedo seguir pensando que el Afrodision ilocalizado se encuentra en Cabo Norfeu. A veces recorro el paraje a pie, aunque el atractivo radique más en su silueta altiva desde el mar que sobre el terreno.
Situados en tierra, el amplio lomo de Cabo Norfeu es un altilplano de observación, no un jardín de las delicias. Allí todo es hoy rastrojo inmisericorde, matorral de aulaga, tojo, romero, tomillo, coscoja y estepa blanca. En primavera crece algún lirio silvestre, en invierno algún narciso vivaz.
Desde Punta Prima admiro a lo lejos la maravilla robinsoniana de Cala Jóncols y la Punta de la Figuera, en la otra dirección Cala Pelosa y Cala Montjoi hasta Punta Falconera. En tierra, sin embargo, todo es pelado.
En Cabo Norfeu la verdadera tierra es el mar, junto a la idea irrenunciable de aquel Afrodision que no se ve, pero está: "Con su mármol absoluto, noble y antiguo yo como él".

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