Hoy se ha anunciado la abdicación del rey Alberto y la reina Paola de Bélgica en favor de hijo. Confieso que durante mis años de residencia en Bélgica mantuve una atracción platónica por la joven princesa Paola de Lieja, más tarde coronada reina, por lo que representaba en un país donde polemizaban continuamente a propósito de su conducta. Para reprobarla o admirarla, Paola era un punto de atención y un tema de conversación, uno de los pocos puntos alternativos de atención y conversación de la actualidad belga. En el fondo lo que se debatía a través de las opiniones contrapuestas sobre el comportamiento de Paola era el carácter de la nación, las distintas maneras de situarse ante el legendario "malestar belga", que algunos identificaban sin tapujos con el sueño vegetativo, el nirvana del tedio, la plácida vida cotidiana en el país húmedo, estabilizado y mal avenido. La agraciada joven italiana Paola Ruffo di Calabria aparecía por fuerza bajo el cielo líquido de Bélgica como un contraste permanente y mercurial. El contraste gustaba o no. La princesa era guapa e indómita. No era preciso mucho más para
