Nací y crecí a la sombra de la Sagrada Familia. Era la plaza a la que iba a jugar y a patinar en la pista de cemento. No me fijaba en el templo y, si en algún momento lo hacía, me parecía una mole horrorosa, incomprensible, capaz de despertar medio miedo con su presencia espectral. Ahora es aun más voluminosa y más incomprensible. El pasado año registró un 40 % de incremento de las legiones de turistas visitantes, con 3’2 millones de entradas vendidas y 31 millones de euros de ingresos por este concepto. Constituye el monumento o museo más visitado de toda
