Me gusta ir con amigos al Coll de Banyuls para compartir la belleza disponible, respirar el mejor oxígeno que se fabrica, pasar las rutinas por el túnel de lavado y llenarnos la vista de horizontes afortunados. Ayer domingo fui de nuevo y por el camino apareció el Canigó enharinado de nieve por primera vez este otoño. Se trata de uno de los pasos más arraigados de este Pirineo mediterráneo, desde los iberos de la Vía Heráclea, los griegos y romanos de Empúries y quizás los cartagineses de Aníbal, aunque ahora solo lo utilizamos los amantes de los atajos supuestamente secundarios y las viñas verdes a orillas del mar. Conozco este camino de tiempo atrás, lo describrí en mi libro de 1984 El Pirineu, frontera i porta de Catalunya,
