Ayer domingo regresé, maravillado, de un fin de semana en el lago de Como, un destino que estuvo reservado tradicionalmente a los ricos, como refleja la cantidad de palacios asomados a las orillas ajardinadas del idílico lago prealpino y la lista de celebridades que los poseen. Pero si se conoce un poco “l’arte di arrangiarsi”, Como presenta tres ventajas: es italiana con inclinación suiza, está bien comunicada a menos de 50 km del aeropuerto milanés de Malpensa y, finalmente, la ciudad es lo suficientemente grande (83.000 habitantes) para ofrecer hoteles de tarifas diversificadas. Ahora vive del turismo del lago, aunque conserva las hechuras de cuando era capital italiana de la industria de la seda. Le añadiría una cuarta ventaja: