La primera frase de algunos libros se han convertido para muchos lectores en un auténtico detonador, igual que las primeras notas de algunas sinfonías evocan con claridad inmediata lo que vendrá. Es el caso de arranques célebres como: “Llamadme Ismael” (Moby Dick), “Durante mucho tiempo me acosté temprano” (En búsqueda del tiempo perdido), “Todas las familias felices se parecen, cada familia infeliz lo es a su modo” (Ana Karenina) o “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo” (Cien años de soledad). Hay
