4 feb. 2012

“Une majorité de Catalans voterait pour l'indépendance”

(Foto Jean-Luc Bobin)
El diario perpiñanés L’Indépendant, muy leído en el conjunto del Rosellón, me sorprendió el otro día con la publicación de este titular y esta foto para informar sobre la última encuesta de opinión divulgada en Barcelona por El Periódico, según la cual 53’6 % de los catalanes estarían de acuerdo en este momento con la independencia si se convocara un referéndum sobre la cuestión, comparados con el 47 % que se declaraban favorables en julio de
2010.  El diario no hacía comentarios, pero un escalofrío le recorría sin duda el espinazo. Los catalanes franceses llevan en la masa de la sangre la certeza de su vulnerabilidad ante cualquier cambio de situación en los dos Estados entre los que se hallan encajados. El cambio de régimen en España y el proceso de comunidades autónomas a partir de 1975 ya inquieto su propia catalanidad dentro de Francia, frente al comprometido vecindazgo y parentesco con el sur.
Les costaba entender que un cambio político del calado que se acababa de conocer en España no derivase de un trauma violento o no condujese a él. Se mostraban incrédulos a propósito de la recuperación institucional de la autonomía catalana. Se resistían a admitir que los espagnols fuesen capaces de modernizarse sin tirarse los trastos a la cabeza.
Recordaban muy bien que en 1931 los espagnols ya cambiaron de régimen como quien bebe un vaso de agua, destronando a un rey sin ninguna víctima a raíz de unas elecciones municipales, pero cinco años después pasó lo que pasó. Dudaban que fuese posible que el centralismo franquista abriera paso al derecho de autogobierno de les nacionalidades históricas por el simple hecho de que una amplísima parte de la población se manifestara a favor de "Libertad, Amnistía, Estatuto de Autonomía". La lubricada administración francesa deriva de una auténtica Revolución con mayúscula y no se replantea sus principios de funcionamiento con esa facilidad.
Mi incorporación como corresponsal barcelonés de L'Indépendant el año 1977, en contraste con la tradición meramente gacetillera de los corresponsales anteriores del diario, respondía a su actitud de interés y preocupación por estar informados sobre las inflamaciones políticas de los catalans d'Espagne. Trataban de ver venir las eventuales consecuencias, los tortazos que han encajado a lo largo de cada episodio de la historia como tierra de paso, bastión fronterizo o comarca emparentada. Están preocupados de nuevo por el mismo motivo.





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