30 oct. 2012

Amo a Sicilia y no soy mafioso

Llevo largos años siguiendo la actualidad de Sicilia y desplazándome a la mayor isla del Mediterráneo siempre que puedo. No lo hago por trabajo ni por negocios, sino porque amo esa isla con una fidelidad y unos resultados de hospitalidad a prueba de muchos altibajos. Hoy Sicilia vuelve a aparecer en los diarios y esta vez no es de forma sangrienta. El pasado domingo un hombre de izquierdas declaradamente antimafia ganó las elecciones regionales, después de que Roma destituyera al gobernador anterior, sospechoso de haber mutiplicado excesivamente la sospecha tradicional de corrupción y despilfarro. Se trata de Rosario Crocetta (en italiano
Rosario es un nombre de pila masculino, con el equivalente femenino de Rosaria), ex alcalde del municipio siciliano de Gela y actual parlamentario europeo.
No ha sido el único ganador. En primer lugar ha ganado la abstención (53 % del electorado), los ciudadanos asqueados de la clase política y de su connivencia por activa o por pasiva con las mafias. En segundo lugar, el partido más votado ha sido el Movimiento 5 Estrellas (M5E), liderado en toda Italia por el cómico genovés Beppe Grillo, una corriente alternativa contra la “casta política” sin nada de frívola y que suma sufragios en aumento (ya gobierna la alcaldía de Parma, por ejemplo). 
El ganador Rosario Crocetta lo ha sido en las listas nominales, que votan a un candidato en paralelo a las que escogen a un partido. Era el cabeza de lista de una coalición de partidos encabezada por el Partido Democrático (PD), heredero heterogéneo del antiguo PCI y otras formaciones de izquierda. El nuevo gobernador electo de la región relativamente autónoma de Sicilia encontrará un aliado de peso en el alcalde antimafia de la capital palermitana, Leoluca Orlando, elegido por cuarta vez el pasado mes de mayo con el 72’4 % de los sufragios. La Sicilia “tradicional” no es solamente la del cliché. Espero poder volver pronto a l’Antico Caffè Spinnato palermitano (Via Principe di Belmonte núm. 107) a comer un buen cannolo de ricotta y brindar con una copa de sedoso Marsala por el coraje de Crocetta y Orlando, y escaparme acto seguido hasta el claustro de San Giovanni degli Eremiti para sentir en paz el perfume del jazmín y el azahar.

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