2 jun. 2013

El miedo al lobo y el miedo al turco

En la Edad Media se decía que los dos principales miedos de la gente eran al lobo y al turco. En el mundo de hoy Turquía ha sido admitida como candidata a la adhesión a la Unión Europea desde 1999, aunque las negociaciones de ingreso se encuentren paralizadas por falta de condiciones democráticas suficientes del régimen turco en rápido ascenso económico y también de autoritarismo y radicalizacióm del integrismo islamista como nueva --y muy vieja-- forma de fascismo.
Turquía no es una democracia, pero es un socio comercial importante, en especial de Alemania. Pertenece a la OTAN y representa el segundo ejército de esta organización (después de Estados Unidos), con más de 600.000 efectivos. Ocupa militarmente una parte de la isla griega de Chipre desde 1974. El país suma 79 millones de habitantes, de demografía acelerada. El integrismo islámico amenaza las estructuras de la antigua república laica.
El contencioso de la Unión Europea con Turquía no es una guerra de civilizaciones ni de religión, aunque en el debate haya ingredientes civilizatorios o religiosos. Es una cuestión de defensa de los principios democráticos, la cual ya se demostró relativa con la integración de antiguos países del Este como Bulgaria o Rumanía. El potencial económico turco, aliado a menudo con el otro gigante del vecino ruso, presiona con fuerza. 
El principal peligro europeo no es hoy “el otro”, el islamismo ni el turco, sino la fractura social creciente entre la minoría de ricos y la mayoría de empobrecidos. El enemigo es la falta de debate libre y eficaz sobre las reglas del juego, la falta de espíritu de conciliación y de equidad para salir de la crisis. No el lobo ni el turco, ni siquiera el islam.

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