30 oct. 2013

Los psicólogos, los antidepresivos y la libido innegociable

No he acudido nunca al psicólogo, más allá de primeros contactos esporádicos que en seguida se revelaron prescindibles. No sé si mi decisión fue acertada o no. En cambio sigo con interés lo que dicen y escriben los psicólogos, una especialidad progresivamente presente en la vida corriente. Tengo la impresión de que el oficio consiste en acumular conocimientos sobre la panoplia de comportamientos humanos –sin duda amplia pero con denominadores comunes-- para extraer de ellos conclusiones que puedan orientar a los pacientes chocados por algún avatar de la vida. A veces los psicólogos brindan consideraciones que se me antojan puras vaguedades, otras veces destilan pautas del mayor interés, fruto de la reflexión y la formulación de aquello que les parece más recomendable. Aplicar la
experiencia acumulada a orientar la conducta de quienes recurren a sus servicios me parece admirable. En sus escritos encuentro expresiones ajustadas con exactitud digna de encomio. También encuentro en ellas mucha paja, aunque eso es común a cualquier manifestación humana, en el terreno que sea. La madurez, el discernimiento, la cultura consiste en saber desgranar el grano de la paja, con conciencia de que la paja ocupa mucho más volumen por naturaleza. La psicología y los psicólogos se han convertido para mi en otro género literario, que a veces leo con una curiosidad que la ficción narrativa estricta no siempre me despierta.
Tampoco he tomado nunca medicamentos antidepresivos, a pesar de la extensión del consumo comprobada al mi alrededor. No sé si mi decisión fue acertada o no. Algunos adeptos me los recomendaban fervorosamente, aunque por algún motivo no me inspiraron suficiente confianza, seguramente por la convicción de que las necesidades anímicas debe procurar uno mismo generarlas, calmarlas o enderezarlas con la mínima intervención posible de la industria farmacéutica. Quizás el proceso regenerativo “a pelo” resulte más lento y doloroso, no digo lo contrario, aunque también más instructivo para aprender a gobernar el sistema inmunitario de los sentimientos y las emociones. Plantar cara a los malos momentos del estado de ánimo con las oxidadas armas individuales las afila, las templa, las perfecciona para que puedan servir de nuevo. 
Tal vez no haya acudido al psicólogo ni tomado antidepresivos por dos motivos más rudimentarios. Ante la opción de frecuentar la consulta de esos profesionales, siempre me ha parecido que invertir el mismo dinero en una buena cena con una buena botella de vino me aclaraba más los ánimos y las ideas, aunque faltase el ingrediente neurálgico de la buena compañía. En cuanto a los antidepresivos, mis informadores me prevenían de que como efecto secundario podían inhibir la libido, el deseo sexual. Eso lo encuentro inaceptable. Aunque mi libido no me sirviera de nada en algunos periodos, representaba el vestigio palpable de la capacidad subsistente de reaccionar ante la adversidad, el indicio de la posibilidad de volver a experimentar todas las erecciones pendientes en distintos terrenos, un rastro al que quería aferrarme como a un clavo ardiente y no justamente aturdirlo. La libido siempre me ha parecido sagrada e innegociable, preeminente por delante de otros decaimientos, una promesa latente de lo demás por restablecer, un  bastión que solo debe rendirse en último lugar, nunca antes.

2 comentarios:

  1. Bonita reflexión, con arte, el arte de escribir de un modo brillante,Xavier. No obstante,opinable. A veces una verdadera depresión es incompatible con la libido. Otra cosa es el desorden de las emociones, algo que suele solucionarse desde dentro de uno mismo. ( Aunque los psicólogos lo solemos conocer por oficio, jajaja). Saludos y mi admiración.

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  2. Psicología y Antidepresivos

    Los antidepresivos de nueva generación que bloquean la serotonina y en menor medida la dopamina han sido recientemente aprobados para su uso en niños por la FDA. Son fármacos que pueden ser útiles en cuadros de depresión en niños o adolescentes sólo cuando su uso es acompañado del abordaje elaborativo de los duelos o situaciones subyacentes y la intensidad del cuadro lo requiere. Su eficacia en niños está en debate, pues los primeros trabajos no mostraron una diferencia significativa en los grupos que recibían antidepresivos modernos y los que recibían placebo. Más reciente, un estudio que reunió 440 adolescentes con depre­sión demostró que la medicación antidepresiva era superior al placebo, más aún si se acompañaba de psicoterapia.

    http://psicologia-terapias.blogspot.com.ar/2012/12/psicologia-y-antidepresivos.html#.UpUZjdIz2Ao

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