7 ene. 2014

Mañana soplará tramontana en honor de Rafael Patxot

Mañana 8 de enero se cumple el cincuentenario de la muerte en Ginebra del meteorólogo, mecenas y escritor guixolense Rafael Patxot, el primero que estudió científicamente la tramontana de este lado de Cataluña. En su trabajo publicado en 1908 con el título Observacions de Sant Feliu de Guíxols, dejó la frase: “Yo quiero reivindicar este viento, que no veo proclamado como merece, y a fe que no le falta gesta a esta nuestra tramontana, aunque no figure casi en ningún tratado de Meteorología, pese a ser un ejemplo de fuerza más extenso que el bora del Adriático y quizás más clásico, científicamente, que el mistral de la Provenza”. Era el rico heredero de
una familia de industriales corcheros, educado en Inglaterra. Desde 1894 se construyó en su casa un observatorio astronómico y durante la dictadura de Primo de Rivera fundó la Institución Patxot, dedicada al mecenazgo. En 1936 se exilió de la FAI en Suiza y en 1939 del general Franco, subvencionando desde allí múltiples iniciativas culturales catalanas. En 1952 escribió el libro 
de memorias Adéu a Catalunya. Guaitant enrere, fulls de la vida d'un octogenari, en el que se definía como “catalán, ampurdanés, expatriado voluntario por amor de la conciencia, del sentimiento y de la personalidad humana”.
De hecho la tramontana es tan rosellonesa o más que ampurdanesa y menorquina, y comenzó a ser estudiada científicamente gracias al anemógrafo de Bourdon instalado por el primer director del Observatorio de Perpiñán, el médico Jaume Fines, autor del Résumé des observations faites à Perpignan pendant cinquante ans (1851-1900). Se publicó en 1903, cinco años antes que las Observacions de Sant Feliu de Guíxols de Rafael Patxot, realizadas precisamente en el punto de la costa catalana donde la tramontana fenece o requinta definitivamente con ese nombre. 
Al lado del cientifismo pionero del perpiñanés Jaume Fines a propósito de una materia tan legendaria como la tramontana, el autodidacta Rafael Patxot la describió con palabras más alambicadas, más inclinadas al romántico modernismo literario que dominaba entonces de este lado de la raya de frontera. "Es imposible escribir un capítulo de Anemografía referente a una estación ampurdanesa –anotaba Patxot-- sin conceder lugar preferente a la tramontana, este viento nuestro que me atrevo a calificar de 'nacional', porque además de dejar impresa su potencia en el aspecto de la comarca no se abstiene de influir profundamente en el carácter de sus habitantes. Si no es mitológico, ciertamente es un viento legendario que ya comentaban los cronistas precristianos, enterándonos de que revolcaba a legionarios romanos con plena armadura, del mismo modo que el siglo pasado acogía al reinado del carril volcando trenes en las lagunas al norte de Perpiñán (…) Su aliento es furioso, aullante en las peñas, rugiente en los bosques, gritón en el pinar doblegado; aunque siempre saludable en todas partes y 'dueño indiscutible del Ampurdán', y así como agacha obstáculos terrenos, en el aire no tolera lo celajes cerrados. Gracias a su valor higrométrico, extraordinariamente bajo, escampa las nubes, 'se las come' disolviéndolas y deja unos cielos serenas de azul deslumbrante que difícilmente podrán realizar quienes no los hayan disfrutado en nuestra tierra". 
Su discípulo Eduard Fontseré, fundador del Servicio Meteorológico de Cataluña en 1921, en tiempos de la Mancomunidad, retomó con nuevos conocimientos el estudio de la tramontana. Los trabajos de Patxot aparecieron recopilados en 1948 en francés en la publicación vienesa "Archiv für Meteorologie, Geophysik und Bioklimatologie" bajo el título La tramontane et le mestral de la côte catalane, y tres años después con el de La tramuntana empordanesa i el mestral del golf de Sant Jordi como publicación del Institut d'Estudis Catalans, que por aquel entonces se movía en la semi-clandestinidad y contaba con el patrocinio de la Institución Patxot, desterrada en Suiza.

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