1 feb. 2014

El capitalismo del habano monta la fiesta en La Habana

La gran fiesta elitista y excluyente de los mejores puros del mundo tiene lugar del 24 al 28 de febrero en La Habana. La inscripción al XVI Festival del Habano (fórums, presentaciones en primicia, visita a fábricas y plantaciones) solo puede formalizarse a través del monopolio estatal cubano Habanos S.A. y cuesta 1.280 pesos convertibles (940 euros), sin incluir viaje ni alojamiento. Es una forma de discriminar el tipo de asistentes. Barcelona ha sido siempre la primera ciudad del mundo en volumen de habanos consumidos. Aquí los puros no fueron nunca un lujo desorbitado. Formaban parte de una tradición social democrática, hasta que el gobierno castrista, huérfano de la
ayuda soviética masiva, lanzó en 1993 la política de captación de dólares. Las autoridades de un régimen que pretende mantener el carácter socialista abrazaron una paradójica doctrina comercial de lujo para sus exportaciones de cigarros, consistente en producir menos y vender a precios mucho más elevados, dentro de una línea perfectamente antidemocrática.
"Nuestra política es buscar más dinero para el país y, si se lo podemos sacar a los capitalistas, mejor", según tuve que escuchar en mi cara un viejo defensor como yo de la popularidad del habano por parte de un director comercial de Habanos S.A., representante de un régimen empecinado en perpetuarse en la penuria de su pueblo y de sus amigos. Antes de permitir que aflorase mi opinión, hice de tripas corazón para pedirle, como una última voluntad, que me permitiese fumar unos cigarros de la marca Gispert, ilocalizables en el extranjero. Asombrado al verme sabedor que aun producían una antigua marca de prestigio condenada al ostracismo y sustituida por otras mucho más snobs, hizo el esfuerzo de sacar una caja del rincón del fondo y obsequiármela, por obstinado o por bien informado. Los Gispert seguían siendo de primera calidad. Me los fumé con el deleite de haber ganado una escaramuza contra la soberbia y de saber que el precio de aquella caja no lo habían "sacado a los capitalistas".
Sus queridos capitalistas fuman --o queman-- habanos de nuevo rico que les confeccionan a medida y les presentan en bandeja cada año en el Festival del Habano, tras pagar una inscripción de 940 euros, sin contar viaje ni alojamiento. Los amantes  de toda la vida de los buenos cigarros tenemos otro paladar, otra memoria y otra tradición, tan larga o más que la de los cubanos. 
El primer almacén de hoja de tabaco de La Habana para la manufacturación de puros en serie lo abrió en 1840 en la Plaza del Cristo el comerciante Joan Conill Pi, quien traspasaría el negocio a Jaume Partagás Rabell, fundador en 1845 de la factoría habanera de la célebre marca que lleva su nombre y una de las protagonistas anunciadas del Festival del Habano del presente año. Jaume Partagás nació en Arenys de Mar en 1816. Sus padres emigraron a La Habana con hijos y abuelos en 1824. La familia recurrió a la ayuda del caudaloso circuito de comerciantes catalanes y Jaume Partagás entró a trabajar en el almacén de tabaco de Joan Conill, antes de instalarse por su cuenta.
La fábrica que construyó Jaume Partagás en el centro de la ciudad en 1845, a sus 29 años, ocupaba a 600 operarios. Impuso la expresión "Partagás y nada más", considerado uno de los primeros eslóganes publicitarios con amplia proyección social. En 1868 encontró la muerte en un oscuro atentado en su plantación del término de Consolación del Sur, en la comarca de Vuelta Abajo, donde ejercía de cacique de vastas posesiones. 
El hijo José Partagás Puig traspasó el negocio al asturiano José Antonio Bances, quien en 1900 lo revendió a los también asturianos Ramón Cifuentes Llano y José Fernández. En aquel momento la factoría producía de 18 a 20 millones de cigarros por año de las vitolas Partagás, Ramón Allones, Prudencio Rabell, Caruncho, Cifuentes, Gayarre, La Flor de J.A. Bances, Nada Más y otras. El nieto Ramón Cifuentes se exilió tras la revolución castrista y se asoció con la empresa norteamericana General Cigar para seguir produciendo con el nombre Partagás en una nueva fábrica de la República Dominicana, en Santiago de los Caballeros. 
En La Habana la marca y la factoría Partagás siguen teniendo hoy el protagonismo de siempre, pero los exportan a precios prohibitivos para “sacar dinero a los capitalistas”. Yo todavía compro en mi estanco de cabecera por 5 euros la vitola barata de Partagás, aunque echo mucho de menos a las otras de mayor calidad, reservadas “a los capitalistas”, como tuve que escuchar en mi cara en La Habana.

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