1 dic. 2014

A Barcelona le quieren escamotear de nuevo el mar, su parque urbano

Casi cada día camino por el Paseo Juan de Borbón de la Barceloneta --el de los restaurantes en hilera—y me revuelve el estómago ver que en la amplia y arbolada avenida del otro lado de la calle han privatizado el espacio público, han cerrado físicamente el acceso al muelle para destinarlo una marina de lujo reservada a grandes yates, en pleno centro de la ciudad, con la aprobación y el impulso del actual Ayuntamiento. El 80% de las obras de la llamada Marina Port Vell, diseñadas por la promotora privada británica Salamanca Group, ya están hechas y cuentan con terminarlas en abril próximo. Según su consejero delegado, Martin
Bellamy, empezarán a recuperar en cinco años la inversión de 79 millones de euros [El País, 21-11-2014].
El presidente de la Oficina Antifraude de Cataluña, Daniel de Alfonso, ha anunciado la apertura de una investigación sobre la procedencia del dinero de la inversión y se ha mostrado “seguro al 100%” de que se trata de una operación de blanqueo de dinero procedente de Rusia a través de sociedades pantalla instaladas en paraísos fiscales. El grupo promotor ha entablado acciones legales contra tal afirmación, mientras prosigue las obras.
Sobre la nueva y exclusiva –excluyente-- Marina Port Vell, el arquitecto Oriol Bohigas opina: “Se puede hacer negocio, pero con un mínimo de conciencia colectiva. No se ha discutido el proyecto, se ha secuestrado el debate de un espacio que costó tiempo recuperar. El resultado es que están tapando el mar. Es lo que tienen los gobiernos de derechas, no les importa mucho el uso del espacio público con tal de favorecer a los negocios” [El País, 12-6-2014]. 
Los muy jóvenes, los visitantes y los indiferentes deben pensar que en Barcelona siempre hubo mar. No es así. Mientras me crié en esta ciudad, el único mar que había era el limitado y aceitoso vistazo portuario al final de la estatua de Colón, el rompeolas desnudo de los enamorados y los establecimientos de baños de la Barceloneta, en los que casi siempre era imposible bañarse en el mar por visibles razones higiénicas. 
La apertura al uso público de la nueva línea del mar de Barcelona fue una conquista olímpica. El nuevo y espectacular frente marítimo urbano incluyó, naturalmente, los distintos paseos a lo largo de las playas y de las instalaciones portuarias más céntricas (como el Paseo Juan de Borbón), convertidos en auténticos bulevares del distrito marítimo de una ciudad con mar recuperado. 
El centro comercial Maremagnum y el World Trade Center fueron ya una primera concesión en el Port Vell. La construcción en 2009 del descomunal rascacielos “icónico” del Hotel Vela resultó aun más estentórea, saltándose la Ley de Costas por hallarse en terreno de una administración dudosamente autónoma como es la Autoridad Portuaria. No volvió a hablarse del ferry planteado en 2008 por el último ayuntamiento socialista como transporte público a lo largo de la fachada marítima (con integración tarifaria al resto del transporte público de la ciudad). 
El popular barrio de la Barceloneta se convirtió en territorio codiciado por la apisonadora del negocio turístico e inmobiliario. Los habitantes han protagonizado reiteradas protestas y en muchos balcones cuelga la bandera del barrio, prácticamente desconocida hasta ahora, como reivindicación de una identidad violentada hasta un punto de escándalo.
La idea de tomar contacto con la naturaleza se asocia con mayor frecuencia a la montaña, los prados, los bosques... ¡El mar también es naturaleza y en la ciudad también debe poder pasearse! Los paseos marítimos no son meros atributos decorativos ni caminar un simple pasatiempo.
Barcelona-ciudad cuenta con 4,5 km lineales de playa urbana abierta al uso público, de la de Sant Sebastià hasta el Fórum. En la Barcelona metropolitana son 32 km, de Montgat a Castelldefels (42 km si contamos los puertos). Las playas barcelonesas son los parques de una ciudad que tiene muy pocos y los paseos marítimos nuestros bulevares a la orilla del mar, recuperados poco tiempo atrás y escamoteados ahora en el céntrico Paseo Juan de Borbón, con la aprobación y el impulso del actual Ayuntamiento.

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