27 ene. 2015

La lección de Grecia: hay solución y se halla en las urnas


Pocos meses atrás resultaba difícil imaginar que una fuerza de izquierda alternativa llegase por amplia mayoría electoral al gobierno de un país europeo. Se acaba de producir precisamente en Grecia, que no es un país tan periférico, tan pequeño ni tan oriental como algunos quisieran pensar. El resultado electoral griego no es exclusivamente griego, ni mucho menos. Este país fue escogido a partir del 2008, a raíz de la crisis financiera internacional, como banco de experimentación supuestamente más fácil para aplicar
la brutal, injusta y contraproducente política de austeridad y recortes, la única fórmula que se les ha ocurrido hasta hoy al sistema politico-económico consolidado para gestionar la crisis de la desigualdad: paro masivo, desmantelamiento de los derechos laborales, recorte de los servicios públicos, escándalos de corrupción.
El tiro ha salido exactamente por la culata. Grecia ha sido el primer país de la Unión Europea en demostrar que una otra propuesta política es posible y que la alternativa útil se halla en las urnas. En este sentido, representa un paso histórico en las democracias europeas, a la altura de la marcha atrás democrática, la humillación y la angustia desencadenadas a partir de la gestión desigual de la crisis financiera y el recorte vivido de los derechos sociales. El voto del miedo no ha funcionado, la capacidad de reaccionar sí. 
Los conservadores griegos se han visto superados en votos, los socialistas han desaparecido prácticamente del mapa, la extrema derecha neofascista se sitúa lejos de los porcentajes de las fuerzas ganadoras. La llamada política de austeridad, impuesta de forma discriminatoria durante los últimos años, ya había demostrado que no daba resultados. Ahora también lo ha demostrado en las urnas griegas. 
Con la clara victoria de la coalición Syriza, la democracia vuelve a brillar en el país que la inventó durante la Antigüedad. La memoria política griega es muy larga, además de imperfecta como en cualquier otro país. A partir de ahora aquello que los poderes consolidados no han podido ahogar en las urnas griegas intentarán asfixiarlo en la política del gobierno elegido. Para dar ejemplo, una vez más. Los ejemplos, sin embargo, pueden ser de doble dirección.
Grecia, como en la Antigüedad, ha vuelto a abrir un camino, un nuevo ciclo político de amplio potencial. La vieja democracia aun es reciclable en las urnas.

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