13 ene. 2016

El legendario jabalí visto hoy como animal de cada día

El periodista Ramon Iglesias escribe que el otro día chocó en la carretera de Pedret i Marzà (Alt Empordà) con un jabalí, lo mató del golpe y al llevar el coche a reparar al taller de carrocería le dijeron que les llegan entre cuatro y seis vehículos cada semana a raíz de idéntico accidente. Procuro no dejar de leer cada domingo la sección “Dietari” que publica en el Diari de Girona Ramon Iglesias, hijo de Portbou, residente en Girona y actual director de informativos de la Cadena SER en Barcelona. Comenta con estilo personal siete noticias cortas, entre las que siempre encuentro
alguna que subrayo y guardo, con la vaga intención de conversarlo con él algún día paseando por Portbou. Por ejemplo, sobre jabalíes.
En 2013 un grupo de jabalíes adultos con sus crías llegaron nadando hasta la isla de Portlligat en cadaqués, se instalaron y fueron fotografiados. Algunas personas aun se sorprenden de las habilidades nadadores y adaptativas de estos animales, yo no. Una embarcación zodiac de vigilancia marítima de la Guardia Civil encontró un jabalí que nadaba tres kilómetros mar adentro de Arenys, después de que el temporal registrado tres días antes arrastrase al ungulado por la riera del Tordera. 
Hasta hace poco lo de los jabalíes nadadores habría sido visto como pura leyenda de bosque. Ahora ya no resulta ni siquiera insólito. Dos pescadores de caña que se hallaban a bordo de su bote ante el Golfet de Calella de Palafrugell también “pescaron” un jabalí vivo, probablemente caído del acantilado. El pesquero "Magallanes" del puerto del Serrallo tarraconense encontró a otro mientras nadaba a cinco kilómetros de la costa, después de la riada que lo arrastró desde la sierra de Prades. 
Un animal tenido per esquivo, que durante largos siglos simbolizó la fiereza de la montaña, hoy invade campos de golf, se deja tocar por los practicantes de footing y penetra mansamente en centros urbanos en búsqueda de residuos para comer. El 59 % de los accidentes de carretera en Catalunya provocados por animales salvajes o domésticos se deben hoy a los jabalíes. La principal mutación ha sido la del hombre y su estilo de vida, del que los animales son un tímido reflejo. 
Los jabalíes amansados y los nadadores atentan contra siglos de mitología. La leyenda de Dido y Eneas, narrada por Virgilio, arranca con una tremenda cacería del jabalí capitaneada por ella. En el poema “Venus y Adonis”, Shakespeare habla de la contundencia del animal en su carrera: “Corre entre los arces y el ramaje tupido y todo se abre a su paso, como si le temiese”. Jacint Verdaguer orquesta el canto segundo del poema "Dos màrtirs de ma pàtria o sia Marcià i Llucià" alrededor de la caza del jabalí que protagoniza la bella Aurelia hasta la cueva en que penetran el animal y la cazadora. 
Ahora no queda nada del jabalí heroico, quizás tan solo su magnífico civet, de una auténtica gravedad wagneriana cuando se sabe guisar como lo hacían en el recóndito hotelito de montaña La Becasse d'Or, en Costoja (Vallespir), muy cerca de las montañas de Requesens donde transcurre la narración "Una cacera al porc senglar" de Carles Bosch de la Trinxeria. 
Ahora debemos convivir con los jabalíes. Cada vez encuentro más hileras de alambre electrificado, recién colocadas, alrededor de propiedades rurales. Ya ni lo pregunto, son por el jabalí.





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