5 feb. 2016

Un cambio en la mirada cruzada con los sin techo de mi barrio

El portal de mi casa incluye una entrada de parking de vecinos que deja una franja de espacio lateral libre. En esta exigua franja bajo cubierto se instalaban años atrás sucesivos sin techo, que dormían cada día ahí sobre cartones, parapetados con sus escasas pertenencias. Algunos eran más resignados, otros más tocados por el desequilibrio o la cólera. No pedían nada, más allá de lo que su sola presencia pedía a gritos. Cruzábamos la mirada, de refilón, varias veces al día. De repente el sin techo residente a la entrada del parking de casa se evaporaba y al cabo de poco el espacio era ocupado por otro. Ahora hace tiempo que no se instala
ninguno. La política municipal de asistencia social debe surtir efecto. Sin embargo aun veo cada día la sin techo arraigada desde años atrás junto a sus bultos en un banco de la Granvía esquina Bailén, frente a la concurrida parada de autobuses. De vez en cuando también cruzamos la mirada.
A raíz del décimo aniversario de la salvaje agresión que le costó la vida a la sin techo Rosario Endrinal, quemada por tres jóvenes canallas mientras dormía en un cajero automático del barrio barcelonés de Sant Gervasi (el caso fue reconstruido por el periodista Arturo San Agustín en el libro La noche que quemaron a la mendiga), la segunda teniente de alcalde y directora del Área de Derechos Sociales del actual Ayuntamiento barcelonés, Laia Ortiz, acaba de publicar un artículo de prensa en el que pone, muy bien puestos, los puntos sobre las íes. Cada día duermen en las calles de Barcelona en estos momentos entre 700 y 900 personas, además de las 1.600 que se acogen la Red de Atención a las Personas Sin Hogar. 
La regidora deja claro que no se trata de una patología social, sino de una cuestión de acceso a la vivienda individual estable, con el acompañamiento social que sea preciso, a fin de que estas personas puedan recuperar su vida en condiciones dignas. “También es necesario –dice la regidora-- un cambio de enfoque: las personas sin hogar son vecinos y vecinas de nuestra ciudad, con voz y voluntad de participar. Ellas son las verdaderas expertas, las que saben como se enfrenta una situación imposible de imaginar para quienes no la hemos vivido”.
Leerlo me ha procurado la certeza de que el lenguaje del nuevo Ayuntamiento da sentido y abre el horizonte a la mirada que cruzaba y todavía cruzo con los sin techo de mi barrio.

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