9 nov. 2016

Trompada seca, ahora intentemos de salir de esa sin mayores lágrimas

Por más que unas ajustadas mayorías voten a Trump o a Rajoy, nunca he logrado terminar de creer que la gente sea estúpida. Probablemente estupidizada en grado y extensión variables, eso sí, pero no estúpida sin remedio. El electorado de Trump está harto de la continuidad del liberalismo radical que representaba Hillary Clinton y de las humillaciones acumuladas desde la revolución conservadora de Ronald Reagan. Ha votado antisistema, aunque sea un antisistema tramposo, mediocre, mezquino, burdo, xenófobo, machista e insultante. La mentalidad, el estilo, la trayectoria y la victoria mínima de Donald Trump no
tienen perdón, pero tienen algún motivo. Las cosas suelen tener una explicación más o menos clara o retorcida, abierta o subterránea, pero la tienen. En Estados Unidos hace mucho tiempo que las barbaridades divulgadas por el ala más derechista del Partido Republicano no han encontrado una réplica creíble por parte del Partido Demócrata en el poder, compinchado hasta el cuello con el sistema dominante.
La ley política del péndulo, la alternancia de gobierno también depende de la credibilidad demostrada por los contendientes. La de Donald Trump es nula, sin embargo se ha beneficiado a manos llenas de la muy escasa de Hillary Clinton, vista como la más pura –y al mismo tiempo turbia-- encarnación del establishment
Igual que en la vieja Europa, el voto se ha polarizado entre las sociedades urbanas multiculturales y el interior profundo, temeroso y castigado. También en la vieja Europa un magnate impresentable, de quien todos hacían burla, gobernó recientemente Italia a través de las urnas. El resultado, al cabo de cuatro años, ha sido el hundimiento político de la derecha de su país. 
La victoria mínima de Trump significa en primer lugar la derrota por incomprensión social de la política aplicada desde el gobierno por el Partido Demócrata. Superar la etapa de Trump solo será posible si el Partido Demócrata se fundamenta más a partir de hoy en las ideas que propugnaba su candidato frustrado Bernie Sanders que en aquellas que encubría la candidata del poder establecido. 
De los infinitos comentarios suscitados en todo el mundo por la ajustada victoria de Trump, los más fuera de lugar son aquellos de las almas cándidas que quieren irse a vivir a Marte. En cambio la reacción más redonda, sintética y realista la ha escrito Sabina Monza en su página de Facebook: “¿Y si dejamos de lado el tremendismo y nos ponemos seriamente a trabajar para el cambio?“, O la de mayor sentido práctico, aunque no lo parezca, la de Bren Ferrer: “Can we impeach him yet?”. Se trata de eso, no de desahogarse con lágrimas de cocodrilo.

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