6 dic. 2016

El mundo pendiente hoy del desfile de lencería de Victoria’s Secret

El canal privado DKISS emite hoy martes a las 21h30 por primera vez en abierto en España el desfile anual de novedades de lencería femenina de la marca Victoria’s Secret, que cada año reúne a millones de telespectadores en todo el mundo en diferido (en vivo tuvo lugar el día 30 en París) porque es el desfile de moda que enseña más anatomía de las modelos. La celebridad mundial de la marca norteamericana de bragas y sostenes se basa en esta exhibición anual de marketing, con un presupuesto de cerca de 20 millones de dólares para que 50 modelos luzcan en la pasarela
80 diseños mientras actúan en directo esta vez Lady Gaga, Bruno Mars y The Weeknd.
La marca factura cada año 7.200 millones de dólares. Tiene más de un millar de tiendas por el mundo, aunque pocas en Europa (en Barcelona una en el centro comercial Maremagnum y otra en el aeropuerto del Prat).
En alguna época fui un comprador interesado de lencería íntima femenina, como objeto de regalo, cuando viajaba a Italia o Francia. Todavía en la actualidad me embobo de vez en cuando ante los escaparates de establecimientos especializados de París, Milán o incluso Perpiñán (la tienda Soie sur Soi en la placita Bodin de Boismortier del centro histórico perpiñanés me sigue pareciendo recomendable). En el Paseo de Gracia barcelonés abrió hace pocos meses una sucursal de tres plantas de la cadena italiana de lencería de lujo La Perla (no confundir con la cadena de ropa del hogar La Perla Gris). 
La lencería nunca me ha parecido una cuestión frívola. Mejor dicho, solo me lo ha parecido en momentos muy logrados. A ojos de los hombres esas prendas van ligadas a instantes reales de fascinación, o como mínimo a su expectativa. 
La lencería y la corsetería son tan viejas como la civilización. En Grecia algunas mujeres utilizaban el strophium, prenda de ropa que sujetaba la base del pecho. Los mosaicos romanos muestran una especie de sujetador pectoral en bailarinas, atletas y sirvientes. Los corpiños eran bien conocidos en la Edad Media y el Renacimiento. 
La industria textil catalana fue una primera potencia del ramo. El fabricante igualadino José M. Vives Vidal decidió en 1949 apartarse de la tradición paterna de los curtidos y adentrarse en la fabricación de calcetines, artículo que a continuación le llevó a la corsetería y la lencería. Consiguió la licencia de la marca norteamericana Warners, antes de absorber a la francesa Lou y ser absorbido por la multinacional Vanity Fair, quien pagó 154 millones de dólares. 
Intentó eludir los impuestos correspondientes a la transacción y en 2013 el Tribunal Supremo condenó a Josep M. Vives Vidal a catorce penas de un año de cárcel por fraude fiscal y una multa de 21 millones de euros. La empresa empleaba un millar de trabajadores en Igualada, antes de deslocalizar la producción a Túnez y Vietnam. Reabsorbida por la empresa norteamericana Fruit of the Loom, a partir de 2012 entró en números rojos 
La lencería de consumo, la de cada día, se ha reorientado hacia el low cost: práctico, sencillo y barato. La corsetería de lujo va por otro camino, con otros precios, otros márgenes de beneficio, otras fantasías. Sin embargo el auténtico lujo de la lencería no ha estado nunca en el precio, créanme.

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