8 sept. 2017

Vergüenza y vituperio: en el mirador del Pedró de Pals ya no se mira nada

El núcleo medieval del Pedró de Pals fue una de las primeras restauraciones históricas de este tipo en el Empordà, gracias al empeño del doctor Jaume Pi i Figueras, nacido en Pals el año 1900 y jefe del servicio de Cirugía del Hospital de Sant Pau barcelonés. El eminente cirujano se construyó a partir de 1946 en el núcleo antiguo del pueblo natal una amplia residencia secundaria y quiso que se restaurase el conjunto de la villa vieja, entonces muy decaída por el traslado de la mayoría de la población al nuevo ensanche a pie de la carretera. La idea se vio secundada por el alcalde y constructor Pere Servià Cantó y las subvenciones de la Diputación de Girona. Una vez empedradas las calles, restauradas cuatro torres de la antigua muralla y la
iglesia de Sant Pere con el campanario de la Torre de las Horas, muchas de las casas subsistentes se fueron rehabilitando con el mismo estilo.
En lo alto del conjunto restaurado quedó una plaza-mirador, centrada por una cruz de término. Ofrecía como culminación del paseo una vista fabulosa de uno de los sectores más filigranados del llano bajo-ampurdanés resguardado por el macizo del Montgrí: Sant Feliu de Boada, Sant Julià de Boada, Fontclara, Ullà, Torroella, los Masos de Pals, L’Estartit y las islas Medes plantadas en el azul del Mediterráneo. 
Josep Pla tenía tres predilecciones en Pals. Una era la fonda de Can Mercader, de la que di detalles en otro artículo. La segunda era el proyecto de central nuclear en la playa de Pals que debía resolver casi todos los males del país (finalmente se construyó en Vandellós). La tercera era seducir a sus visitas con la contemplación del Empordanet desde el Pedró de Pals. Si se trataba de visitas españolas, subrayaba con amplio gesto panorámico del brazo: “Miren, miren: y todo esto sin un solo toro de lidia...”. 
La cumbre del Pedró de Pals acabó por ser bautizada en 1978 como Mirador Josep Pla: “He pasado tantas horas en el Pedró de Pals, sentado en el escalón de la cruz de termino, que debo confesar que me gusta siempre: tanto si la atmósfera es límpida como si la humedad de los vientos del sur, ligeramente acarminada, lo enturbia un poco”, anotó en El meu país
Josep Pla falleció en 1881, el doctor Pi i Figueras en 1991. El mirador del Pedró de Pals siguió ofreciendo a mi generación aquella misma visión del Empordanet que justifica, explica y corrobora de un solo vistazo toda la literatura elegíaca de Pla. 
De vez en cuando los servicios municipales se ocupaban de mandar desmochar algún pino que amenazase con cegar la vista del mirador. Hasta que dejaron de ocuparse. Ahora todos los árboles han crecido y desde el Mirador Josep Pla no se mira nada. Es una vergüenza inadmissible, digna del más airado vituperio.

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