2 nov. 2017

El Santo Grial se halla en el Motel Empordà de Figueres, no le den más vueltas

Cuando mi hija mayor Helena me quiere hacer feliz, una de las maneras es ir a comer juntos al Motel Empordà de Figueres, como hicimos ayer. Para mi es como encontrar cada vez el Santo Grial. Los novelistas de best-sellers internacionales nos dan la tabarra, desde la literatura artúrica medieval, con la búsqueda del Santo Grial y los milagrosos poderes que se esperan en caso de hallarlo. Para mi el Santo Grial se halla desde 1961 en la cocina, la mesa y las habitaciones del Motel Empordà, al pie de la carretera de Figueres a Francia.  Uno de los temas insistentes de debate en este país era si el Motel conserva o no su liderazgo. Yo siempre he
defendido que sí, y esta es una parte del milagro. Otros mantienen un criterio más oscilante y volátil.
Pedí a mi hija que se dejara recomendar de entrada el Spritz Suze, que es una muestra aperitiva de la genialidad de Jaume Subirós (en la foto), ahora secundado por el hijo Albert Subirós, el maître Joan Manté y, en nuestra mesa de ayer, por el camarero Joan Ros. 
Como plato de temporada elegimos el costillar de ciervo a compartir entre dos, sabiendo que en la mesa aparecerían espontáneamente otras delicadezas. Las espinas de anchoa fritas son de obligada referencia, la particular culminación de la simplicidad llevada a la más alta exquisitez en el Motel. 
La ensalada de judías con setas confitadas y cebolla de Figueres exhalaba el perfume más delicado del mundo, aunque la principal sorpresa llegó con el Risotto de nabos y gamba. Los minúsculos fragmentos del tubérculo (del cultivo recién recuperado en la tierra originaria de Capmany) estaban cortados con paciencia infinita a la medida de granos de arroz. 
Finalmente, el costillar de ciervo, deshuesado y presentado como filete, iba acompañado por una croqueta de castaña, una confitura de membrillo y unas pommes rissolées que ponían el gusto más vivo del otoño en el paladar. Ya no pudimos con el carro de quesos ni con el de postres. Pedimos que nos sirvieran el café en la terraza, para rendir honores a un moderado habano Partagás de la serie D Nro. 4, y fuimos felices. 
El establecimiento fundado por Josep Mercader y regentado por el yerno Jaume Subirós ha impuesto platos de antología, ha sabido entrar en la leyenda de generaciones sucesivas. El Motel es una manera de hacer bien las cosas. 
Josep Mercader abrió el camino de la puesta al día, sin abandonar necesariamente la tradición. De la vieja escuela supo hacer otra nueva, hasta situarla en pocos años en lo más alto. 
Falleció el 2 de noviembre de 1979, a los 53 años, de un ataque cardíaco sobrevenido en la carretera, cuando regresaba de una visita médica en Barcelona. Las riendas han sido mantenidas desde entonces por Jaume Subirós, casado con una de las dos hijas de Mercader.
Entró a trabajar en el Motel como chico de los recados a los 11 años, en el mismo momento de la inauguración. Lleva ahí más de seis décadas y tiemblo con solo pensar en su merecida jubilación.

1 comentarios:

  1. Comparteixo l'opinió de que el Mòtel és la catedral gastroòmica on la tradició i la creativitat (ambn seny, com el polsim de sal que s'ha de posar en el plat) fan que menjar allà sigui una experiència inoblidable... i fins i tot literària. A mi em fa particularment feliç saber que des d'aquestes tuales hagin sortit algunes de les pàgines excelses de Josep Pla, l'home de l'adjectiu precís i preciós. Salutacions Xavier!.

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