16 nov. 2017

La anatilosis reaparece en Cuixà, no es ninguna bacteria infecciosa

Me ha producido sorpresa y una rara satisfacción ver reaparecer en público la palabra “anastilosis”, en un comunicado de la Asociación Cultural de Cuixà. Celebra la donación por parte de unos vecinos de pueblo de Taurinyà de un fragmento esculpido del siglo XII procedente del maravilloso monasterio románico pirenaico. Al ser abandonado durante la Revolución francesa de 1789, fue arrancado y reutilizado en una casa de la localidad, como tantas otras piedras. Ahora ha sido cuidadosamente extraído de la pared de adopción y devuelto a la abadía “a la espera del proyecto de anastilosis de la tribuna del coro”. Anastilosis en griego significa reedificación. La palabra se hizo famosa internacionalmente por la anastilosis del
arquitecto y arqueólogo griego Nicolaos Balanos, director las primeras obras de reconstrucción del Partenón a partir de 1888. Las columnas del templo de la Acrópolis fueron remontadas con los tambores y otros fragmentos esparcidos por los alrededores, con el añadido de elementos metálicos de sutura y refuerzo de la estructura original.
La iniciativa del arquitecto, la célebre “anastilosis de Balanos”, pasó a la historia con controversia, como una “reinvención” de la ruina mediante piezas originales o no. El mundo de los restauradores de monumentos históricos es proclive a no ponerse de acuerdo. También dijeron que se habría podido devolver al Partenón el tejado y los colores vivos del revestimiento polícromo original, en lugar de la opción adoptada de dejarlo con el aspecto de ruina majestuosa. 
Aquella reconstrucción necesitó otra anastilosis a partir de 1979, más aun tras el terremoto de 1981. Reemplazaron algunos tambores colocados por Balanos por nuevos bloques de mármol pentélico o bien con piezas recuperadas y clasificadas después de la primera intervención. También se cambiaron los elementos de sutura con nuevas piezas de titanio, dado que las anteriores se dilataron por oxidación, provocando fracturas en el mármol y amenazando la estabilidad del templo. 
Ahora bien, quizás la anastilosi que necesita con mayor urgencia el monasterio de Sant Miquel de Cuixà no es el de esta pequeña pieza ahora recuperada, sino la de toda la mitad del claustro románico expoliada y vendida al museo The Cloisters de Nueva York, la sección de románico y gótico del Metropolitan Museum of Art (MET). No es la única joya de la arquitectura medieval europea que exhibe, reconstruida con piezas auténticas, en un extremo de Manhattan asomado al río Hudson 
Josep Pla escribía en 1954 a raíz de su visita a la ciudad de los rascacielos y al museo de los Cloisters: “El claustro de Sant Miquel de Cuixà es un descubrimiento real, teniendo en cuenta el silencio que ello ha merecido entre la infinidad de periodistas de consigna y olla, desprovistos de la menor curiosidad, que han pasado por Nueva York los últimos años”.

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