2 ene. 2018

La música de Vivaldi siempre vuelve, igual que sus altibajos

La música del compositor europeo más famoso del siglo XVIII y que vende más discos en la actualidad  dentro del género de la música clásica cayó en el olvido absoluto durante dos siglos. Les partituras manuscritas de Antonio Vivaldi, exhumadas en la Biblioteca de Turín, tan solo volvieron a tocarse en pequeños conciertos privados organizados por el escritor Ezra Pound y la violinista Olga Rudge en Rapallo a partir de 1933. No fueron catalogadas hasta 1970, por el musicólogo danés Peter Ryom-Verzeichis, por lo que cada obra lleva como número de catálogo la identificación RV, con la cifra de orden correspondiente. A partir de aquel momento se convirtió en el más grabado por la industria discográfica. El veneciano Antonio Vivaldi, il prete rosso (el cura pelirrojo), sigue siendo un filón, una mina. El sello discográfico francés Naïve emprendió el año 2000
una nueva y quijotesca edición de la obra completa de Vivaldi en CD, con carátulas de primer plano muy características. A pesar de vender 800.000 copias, la compañía quebró en 2015. Ahora ha sido absorbida por el grupo Believe y retoma la colección con el disco número 55.
Todo eso no habria sido posible si Vivaldi no fuese veneciano. La prosperidad de la república marinera de Venecia se tradujo en todos los terrenos, la música floreció como acompañante necesaria de muchas celebraciones. La ciudad reunía un gran número de talleres de fabricación de instrumentos y era conocida internacionalmente por esa especialidad. La cantidad de salas en actividad convertían a la Venecia del siglo XVIII en un Hollywood del espectáculo, primordialmente el teatro y la música. 
El iniciador de la música veneciana fue el flamenco Adrian Willaert, maestro de capilla en la basílica de San Marco, sucedido en el cargo en 1613 por el cremonés Claudio Monteverdi, padre de la ópera moderna. Prepararon el terreno al triunfo de Antonio Vivaldi, famosísimo en toda la Europa de la época por obras instrumentales y vocales como Il Cimento dell'Armonia et dell'Inventione, recopilación de conciertos que incluye Las Cuatro Estaciones. Aunque la fama de Vivaldi cayó a continuación en un olvido total, hoy Las Cuatro Estaciones son hoy la obra de música clásica más vendida del mundo, con mucha diferencia. 
No es cierto, como afirmaba Stravinsky frívolamente, que Vivaldi escribiera seiscientas veces el mismo concierto ni tampoco que se haya convertido en música de ascensor o de supermercado. Esas opiniones insinúan que se trata de una música ligera, uniforme, poco densa, complaciente, fácil, repetitiva, centrada a menudo en el virtuosismo del violín y la voz femenina, en los tonos pastel del rococó veneciano. Los partidarios de la lánguida visión decadentista de Venecia son los mismos que pretenden menospreciar la clara música de Vivaldi, seguramente porque no han prestado nunca atención a cómo se produeix diàriament el prodigi en el muelle veneciano de las Zattere, al punt angélico del mediodía: las dos iglesias palladianas vecinas del Redentore y las Zitelle entablan un majestuoso diálogo de campanas. La caja de resonancia del canal lo repande, como si sembrara en el aire la melodía mas armoniosa del mundo. La vibración rueda por el agua mansa del canal con un sonido tan conmovedor como la explosión coral de fe en la vida del Gloria RV 589 de Antonio Vivaldi.

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