14 oct. 2019

La alerta del premio Nobel de la Paz al primer ministro de Etiopía

La principal y tal vez única utilidad de los premios Nobel es poner por unos días el foco de la mirada internacional sobre personajes, situaciones o descubrimientos que en general pasan desapercibidas a los medios de comunicación y por lo tanto al gran público. El último premio Nobel de la Paz acaba de ser concedido a Abiy Ahmed, primer ministro de un país tan lejano, desconocido y castigado como Etiopía, el segundo más poblado de África. Abiy Ahmed ha logrado poner fin a la guerra de los últimos veinte años con la vecina Eritrea a fuerza de graduales e inéditas medidas
democratizadoras. Es el único país de África con una mujer jefe de Estado. A pesar de todo, aun fue el pasado año el de más desplazados del mundo, casi dos millones y medio de personas, por culpa de la pobreza y la violencia. El premio Nobel de la Paz ha venido a señalar el esfuerzo reformista del actual gobierno de Etiopía, en un continente donde no abundan.
Desde aquí mantenemos la impresión de que África cae lejos y tenemos poco que ver, aunque sea el continente vecino. Valdría la pena desengañarse sobre esta falsa impresión, ni que fuese mirando a nuestro alrededor en los suburbios de todas las ciudades europeas. África suma actualmente 1.300 millones de habitantes, el 40% menores de 15 años. Europa tiene 510 millones. Los demógrafos anuncian que el año 2050 serán 2.500 millones de africanos por 450 millones de europeos.
Las migraciones no son necesariamente algo apocalíptico. Entre 1850 y 1914 emigraron de la pequeña Europa 60 millones de habitantes pobres, de los cuales 43 millones a América. Tan solo entre 1975 y 2010, 20 millones de mexicanos han entrado en Estados Unidos y hoy representan el 10% de la población del país receptor.
Dentro de pocos días todos los grandes medios de comunicación habrán olvidado el nombre Abiy Ahmed y Etiopía. Volverán a cerrar los ojos no solo sobre la realidad lejana, también sobre la más cercana.

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