26 feb. 2020

Los mármoles del Partenón, los mármoles de Melina Mercouri

La controversia perenne sobre la devolución a Atenas de los mármoles del Partenón arrancados en 1801 por lord Elgin, exhibidos desde entonces en el Museo Británico de Londres, acaba de prender de nuevo con la incorporación a las clausulas del Brexit de la posibilidad de negociar el “retorno o restitución a sus países de origen de objetos culturales retirados ilegalmente”. La clausula no provocará ni siquiera cosquillas a la postura inglesa, sin embargo algunas reclamaciones aparentemente inútiles revisten a veces un poder simbólico en el goteo persuasivo. No todos los brindis al sol resultan vanos. La campaña por el retorno de los
mármoles del Partenón hace tiempo que dura. Conoció un impulso a raíz del mandato de la actriz Melina Mercouri como ministra socialista de Cultura griega durante nueve años, hasta su muerte en 1994, cuya imagen es recordada en el mural colocado en el andén de la céntrica estación de metro ateniense de la plaza Syntagma (foto adjunta).
Le fallaron los tres retos que se planteó: conseguir los Juegos Olímpicos de 1996 para Atenas, que regresaran los mármoles del Partenón y que la eligieran alcaldesa de la capital, como lo había sido su abuelo. Pero no fracasó en absoluto, muy al contrario.
La candidatura frustrada a la organización de los Juegos de 1996 --los del centenario de la reinstauración moderna en Atenas-- influyó para organizarlos finalmente allí en 2004. En cuanto a los mármoles griegos del Museo Británico, consiguió poner de nuevo el litigio sobre la mesa y suscitar adhesiones en todo el mundo, inclusive una parte de la opinión pública británica. Los Elgin marbles pasaron a ser llamados los “mármoles de Melina”.
Las palabras que pronunció en 1986 ante los miembros del club de debate Oxford Union, entre ellos el actual primer ministro Boris Johnson, constituyeron una gran pieza de oratoria contemporánea: “Deben ustedes entender lo que los mármoles del Partenón significan para nosotros: son nuestro orgullo, nuestros sacrificios, nuestro símbolo de excelencia más noble, un tributo a la filosofía democrática, son nuestras aspiraciones y nuestro nombre, son la esencia del ser griego”
Los mármoles no han regresado todavía, pero los tres mandatos ministeriales de Melina resultaron decisivos para construir el moderno Museo de la Acrópolis, con estentóreos huecos reservados a las piezas que se encuentran en Londres y en menor media en el Louvre. Se niegan a devolverlos, pese a haber sido arrancados por lord Elgin en condiciones abusivas, a través de un vago acuerdo con el ocupante turco del momento. La definición de elginismo designa hoy en todo el mundo el pillaje, el espolio, el robo de obras de arte.

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