14 dic. 2019

Lo único que queda claro en Argentina es que Perón siempre vuelve

Motivos familiares me hicieron amar Argentina, visitarla con frecuencia y escribir algunos libros. Ahora los motivos familiares ya no están, pero observo de lejos que la situación general del país empeora con obstinación. El único factor que se ha revelado de una estabilidad maciza es que Perón vuelve. Perón siempre vuelve. En Argentina el gesto de la letra “V” con dos dedos no significa tan solo “Victoria” como en todas partes, también deriva del lema histórico “Perón VUELVE”. Nadie sabe exactamente de qué sirve cada vez que vuelve, pero vuelve. Entre medio de cada retorno se producen terremotos políticos de todo tipo, pero Perón vuelve. La suma de sus regresos ofrece un
balance tristísimo, pero vuelve. Si yo fuese argentino, seguramente también habría votado "Alberto y Cristina" y salido estos días a desfilar por la Avenida de Mayo o bajo el balcón de la Casa Rosada junto a miles de conciudadanos esperanzados que corean “Perón, Perón, qué grande sós” entre el humo aromático de las parrillas ambulantes de los populares choripanes, con motivo de la toma de posesión del nuevo presidente electo y la vicepresidenta, peronistas que relevan al conservador anterior.
No hace mucho discutía con el historiador Felipe Pigna sobre la definición imposible del peronismo. Le dije que no era tan complicada: los desposeídos votan peronista contra la oligarquía, en un país de fuertes desigualdades. Estuvo de acuerdo, en sustancia. 
Nadie ha sabido nunca en qué consiste el peronismo, salvo en un aspecto: desagrada mucho a la oligarquía. Incluso esta única pauta tiene excepciones, como el mandato del presidente peronista Carlos Menem, héroe de las privatizaciones y el relativismo moral. Los numerosos seguidores de la variante actual, la “generación K” de los kirchneristas todavía cantan en fechas señaladas el “Perón, Perón, qué grande sós”, aunque defienden un modelo propio. 
Este modelo se ha visto atacado encarnizadamente por toda clase de poderes fácticos (el diario Clarín es el de mayor difusión en castellano del mundo), desde fuera de su campo ideológico y también desde dentro por disensiones internas o intereses particulares. Las últimas décadas del país, ya fuese en dictadura militar oprobiosa o en democracia parlamentaria, no le han ahorrado todo tipo de sismos, de los que ha salido a trancas y barrancas con los mecanismos institucionales y morales puestos a prueba. 
En tales condiciones, seguramente yo también habría votado peronista y salido a la calle a celebrar la toma de posesión de los nuevos mandatarios “Alberto y Cristina” entre los cánticos de “Perón, Perón, qué grande sós” y las volutas de humo de los populares choripanes.

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